Descubrí los perfumes en bálsamo más por necesidad que por casualidad, aunque mi hallazgo tuvo un poco de ambas. Supongo que, para quien esté leyendo estas líneas, también habrán confluido ambos sustantivos –casualidad, por haber ido a parar a este artículo; necesidad, al buscar un perfume que de verdad aguante y probablemente resolver con él algún que otro regalo navideño—. El caso es que di con el formato al que ahora dedico este texto gracias al acertado consejo de una amiga tripulante de cabina. Fue el pasado julio; yo tenía varios vuelos por delante, y me encontraba ante la terrible tesitura de ver terminada la versión mini de mi perfume de cabecera el día antes de uno de ellos. Perfume que, por otro lado, hacía tiempo que sentía que había dejado de oler en mi piel. “Si tienes que viajar mucho, mi consejo es que te hagas con uno en formato bálsamo. Todos tienen menos de 100 mililitros (no suelen superar los 10), pero también los hay sólidos, así que en ningún caso te darán problemas en los aeropuertos. Y lo mejor es que duran incluso más que un eau al uso y, en la piel, te aseguro que el olor aguanta el doble”. Había captado toda mi atención.
Resulta que con estos perfumes ocurre lo mismo que con el típico truco de la vaselina –este es, aplicar tu perfume habitual sobre una base hidratada con vaselina o crema sin olor para aumentar su fijación en la piel–: en los aromas en formato bálsamo esa capa hidratante ya viene de serie, y actúa como una barrera emoliente que «atrapa» las moléculas aromáticas. Un tip que conocen bien quienes, como yo, son capaces de reconocer su perfume en cuestión de milésimas de segundo si lo lleva otra persona, pero sienten que en su piel se esfuma incluso antes de salir de casa. Para nosotros, los perfumes bálsamo consiguen que las notas de la fragancia se adhieran mejor a la piel, que se liberen más lenta y prolongadamente y que se ralentice su evaporación, especialmente si aplicamos encima el mismo aroma en su versión líquida. Además, suelen tener una mayor concentración de aceites esenciales y no contienen agua, por lo que resultan una opción especialmente recomendable en el caso de las pieles secas, que absorben el perfume más rápido.
Solo veía ventajas, así que comenzó mi búsqueda (corta) de un perfume bálsamo que me acompañase en todos mis viajes. No tenía tiempo de recorrer las mil y una perfumerías de Madrid, así que recurrí a mi página web de confianza en estas lides: la de Le Labo. Tras leer todas las descripciones de sus trece perfumes en bálsamo, elegí el mío. “Un aroma cálido, adictivo y oscuro, como si los húmedos sotobosques de verano, sus semillas y resinas, estuvieran rociados con capas de almizcle y endulzados con gotas de vainilla. Evoca el olor de la piel cálida y la madera resinosa. Las notas del perfumista dicen que contiene absoluto de flor de naranjo, el exclusivo cedro del Atlas, resinas de styrax, absoluto de tonka y almizcles… Nosotros decimos TONKA 25”, rezaba su ficha de producto. Y aunque es cierto que tenía la decisión casi tomada antes incluso de olerlo, probarlo me hizo constatar todas y cada una de las palabras de su descripción. Era cálido. Adictivo. Oscuro. Era perfecto para mi.
De ese día han pasado ya seis meses, y sigue acompañándome fielmente en cada vuelo. ¿Lo mejor? Además de ser unisex, el frasco y la caja que lo contiene pueden personalizarse añadiendo la palabra, fecha o nombre de tu elección (siempre y cuando tenga menos de 23 caracteres) para convertirlo en el perfecto regalo de Navidad. Uno que cualquier amante de los perfumes –o tripulante de cabina– querría encontrar bajo su árbol.
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