30/07/2026

El techo de papel: cuando la falta de un título bloquea el talento

Hay un techo que las mujeres conocemos a la perfección. Durante décadas apenas lo percibíamos, debido a su supuesta transparencia, pero el choque sistemático nos reveló su existencia. Con el tiempo descubrimos que era el obstáculo que frenaba nuestro ascenso y empezamos a resquebrajarlo poco a poco, hasta que algunas pioneras lograron romperlo y abrir nuevos caminos. Es de cristal, pero no el único. Existe también otro límite, menos visible pero igual de restrictivo: el techo de papel, que aparta del mercado a profesionales con talento y trayectorias sólidas por el simple hecho de no contar con una credencial académica tradicional.

La credencial y la dinámica

La dinámica del techo de papel se sostiene en una creencia muy arraigada: el título universitario como prueba definitiva de preparación. Ese dogma ha provocado una paradoja difícil de ignorar: quienes no tienen diplomas quedan fuera de procesos para los que cuentan con sobrada experiencia, mientras muchos de quienes sí los poseen acaban ocupando puestos que no requieren ese nivel de formación. España lidera la sobrecualificación en la Unión Europea, con un 35% de graduados universitarios en empleos por debajo de su nivel formativo, según Eurostat (en 2024, la tasa comunitaria fue del 21,3% –20,5% en los hombres y 22% en las mujeres–). Por detrás se situaron Grecia (33%) y Chipre (28,2%), frente a Luxemburgo (4,7%), Croacia (12,6%) y la República Checa (12,8%), que registraron las cifras más bajas.

El contraste se hace aún más evidente al observar la realidad corporativa. Más de la mitad de las empresas españolas –especialmente las pymes– declara no encontrar los perfiles que necesita, con carencias notables en sectores como la logística, la industria, la salud y las tecnologías digitales. En detalle, el 80% de las medianas y el 79% de las pequeñas reconocen dificultades para cubrir vacantes.

El exceso de títulos convive con una escasez de competencias aplicadas, un desequilibrio que se traduce en frustración individual y en pérdida colectiva. El sistema desperdicia talento porque exige credenciales a quienes ya han demostrado su capacidad, y desaprovecha la inversión educativa de aquellos que, pese a su formación, no encuentran puestos acordes.

Un mercado en transformación

Los primeros indicios del cambio son tímidos, pero prometedores. En Cantabria, las ofertas de empleo que exigían un título universitario se redujeron al 21,4% en 2024, ocho puntos porcentuales menos que el año anterior, según el Informe Infoempleo Adecco 2024: Oferta y demanda de empleo en España. Esta caída sugiere un giro hacia una mayor valoración de la formación profesional y la experiencia práctica, sobre todo en sectores tecnológicos. Además, un estudio reciente publicado en arXiv sobre el mercado laboral español revela que ciertas competencias transversales –como idiomas, tecnologías de la información y gestión– funcionan como amortiguador frente a la sobrecualificación cuando falta formación específica y abren oportunidades a quienes carecen de título universitario.

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