29/06/2026

Electrolitos: ¿ya no basta con beber agua para hidratarnos?

¿Qué son los electrolitos, y para qué sirven realmente? Analizamos el fenómeno

Según estimaciones del sector compartidas por la firma de consultoría e investigación de mercado Fortune Business Insights, el mercado global de bebidas electrolíticas –valorado en 43.050 millones de dólares en 2026– alcanzaría los 82.120 millones en 2034. La misma fuente señala que América del Norte concentra entre el 41 % y el 45 % de la participación global y que, en esa misma región, la población ingiere alrededor de 3.400 miligramos de sodio al día –muy por encima del límite recomendado, de entre 1.500 y 2.300 mg diarios–. Es indudable que, aunque inicialmente dirigidos a atletas de élite, los electrolitos se han convertido ya en un producto de consumo masivo.

Por si estas cifras no fuesen prueba suficiente del furor por estos minerales esenciales, las botellas fluorescentes omnipresentes en los gimnasios y la avalancha de contenidos en redes sociales comparando las cualidades hidratantes del agua mineral con las de las bebidas isotónicas secundan la tendencia. Así, la pregunta resulta inevitable: ¿ya no basta con beber agua para alcanzar unos niveles óptimos de hidratación?

La Organización Mundial de la Salud lo deja claro: el agua es esencial para el funcionamiento de todos los procesos del organismo; no en vano representa entre el 50 % y el 70 % del peso corporal de un adulto promedio. Sin embargo, el reciente entusiasmo por los electrolitos –antes circunscritos a contextos deportivos profesionales– revela una tendencia creciente hacia su consumo generalizado. “Lo que ocurre es que cada vez son más las personas que buscan mejorar su bienestar a través del ejercicio, y este interés ha abierto un nicho de mercado que la industria ha sabido explotar con estrategias de marketing masivas y productos en múltiples formatos y formulaciones”, argumenta al respecto Laura Parada, nutricionista.

Pero entonces, ¿qué son exactamente los electrolitos y para qué sirven? “Los electrolitos se encuentran de forma natural en nuestro cuerpo y los más importantes son sodio, potasio, cloruro, bicarbonato, calcio, magnesio y fosfato. Cada uno cumple diferentes funciones fisiológicas esenciales y su homeostasis es fundamental para la función cardiovascular, neuromuscular y metabólica”, explica Parada. Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, bioquímicas expertas en nutrición, precisan: “Son principalmente sales, ácidos y bases que, al disolverse en el agua –el principal componente de nuestros fluidos corporales– se disocian en iones. Estos pueden tener carga positiva y negativa, y constituyen el gradiente electroquímico que funciona como una ‘batería biológica’ indispensable para el funcionamiento de células, tejidos, órganos y sistemas”. Entre sus funciones destacan el mantenimiento del equilibrio de los fluidos corporales y del volumen sanguíneo, la transmisión del impulso nervioso y la contracción muscular, así como la regulación del pH en un rango muy concreto (entre 7,35 y 7,45). “También son esenciales para la salud ósea, la función renal, la fertilidad y el equilibrio hormonal, rematan.

En este contexto, las bebidas con electrolitos pueden resultar útiles –siempre que su composición sea adecuada– para favorecer la rehidratación y mantener el equilibrio hídrico durante ejercicios prolongados o de alta intensidad, especialmente cuando se realizan en condiciones de calor extremo o con sudoración abundante. En estos escenarios, además de reponer sales minerales, pueden aportar energía inmediata y sostenida, contribuir a reducir la fatiga y ayudar a prevenir calambres. Sin embargo, no son necesarias para todas las personas ni en cualquier tipo de actividad física. En prácticas recreativas que no implican un desgaste significativo, las expertas coinciden en que su consumo no solo es prescindible, sino que puede añadir calorías y azúcares innecesarios a la dieta. “Muchas bebidas con electrolitos contienen niveles de azúcar comparables a los refrescos tradicionales. Algunas marcas comerciales pueden aportar hasta 30 gramos por porción, una cantidad similar a la de las bebidas de cola y otros refrescos azucarados”, advierte Laura Parada.

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