25/05/2026

Emilie Steinbach, experta en neuronutrición: “El pelo es un espejo de lo que pasa dentro de cuerpo, no es algo superficial»

El cabello ideal para la felicidad

No es casualidad que Amber Yopp, presidenta global de Kérastase, empiece su presentación ante la prensa internacional en los cuarteles generales del grupo L’Oréal en París haciendo referencia a la edad en la que, según un estudio internacional llevado a cabo en 30 países, la mujer vive su etapa más feliz: a los 70 años (aunque ya a los 60 el nivel de felicidad sube respecto a las décadas anteriores). Como ella misma dice después de compartir estos datos, “la discusión de la edad ha cambiado” y, si bien antes los 50 prácticamente se invisibilizaban, ahora son protagonistas. Y muchas de esas mujeres que llevan la batuta tienen el pelo largo, muy largo (que se lo pregunten a Demi Moore, la nueva embajadora de la casa).

Sin duda, el papel emocional del cabello es una realidad que constatan psicólogos y sociólogos con rotundidad. Pero frente a las emociones está la realidad de la naturaleza: el cabello envejece como la piel –aunque el cambio tiene ciertas peculiaridades– e intervenir en este proceso para conseguir la ansiada longevidad es posible. Ya que vamos a vivir más años, queremos vivirlos mejor. Y puestos a pedir, con un cabello más sano. Como dice la doctora Emilie Steinbach, experta en neuronutrición, “El pelo es un espejo de lo que pasa dentro de cuerpo, no es algo superficial. Y la longevidad no es una palabra de moda, es una necesidad global por el aumento de los niveles de enfermedades crónicas en los 10-15 últimos años de vida que demanda un cambio”. Y en ese cambio está la idea de poder dar forma al futuro con hábitos saludables que, si bien impactan de manera directa en la salud de nuestro organismo, tienen consecuencias positivas en nuestro pelo.

Microbiota y cabello

A las consabidas rutinas de higiene de sueño, exposición a la luz natural, ejercicio físico y manejo del estrés, la experta en salud intestinal y microbiota explica a esta cabecera de qué manera las buenas praxis a la mesa pueden mejorar la esperanza de vida y la salud capilar. “A través de la comida se puede tener un impacto directo en el estado del cabello si se ingieren alimentos con vitamina D, biotina, zinc… Pero también se producen beneficios de manera indirecta cuidando la microbiota y la salud intestinal porque ello repercute en el sistema inmunitario, en el estado del pelo y en su longevidad. Cuando hay una disbiosis y la salud intestinal está alterada y también su microdiversidad, se produce inflamación crónica de bajo grado. Si esa inflamación persiste semanas, meses, años… afecta al organismo, al cerebro y a los tejidos”, añade.

Por eso, proteger el cabello a través de hábitos de vida relacionados con la microbiota es otra máxima a tener en cuenta que puede materializarse, entre otras cosas, priorizando alimentos integrales para prevenir la inflamación sistémica, tomando gran variedad de frutas y verduras (más de 30 diferentes a la semana, según la experta), incorporando a la dieta alimentos fermentados (kéfir, kombucha y un ración de kimchi en la comida o en la cena) y con un desayuno rico en proteínas.

“Se ha demostrado que estos desayunos afectan a la resistencia a la insulina. Si se incorporan entre 25 y 30 gramos, además de tener menos hambre y menos atracción hacia el dulce y comidas procesadas, el cerebro está menos excitado y todo esto impacta en la salud metabólica y también en la del cabello porque hay menos inflamación”, explica Steinbach. ¿Su recomendación? Tostadas con pan integral, aguacate o queso ricotta y dos huevos, o bien skyr con semillas, una cucharada de crema de cacahuete, arándanos y semillas. Todo ello puede ayudar de manera colateral a que los signos visibles del envejecimiento capilar –falta de volumen, opacidad, poca flexibilidad, deshidratación y encrespamiento– sean menos evidentes.

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