Toda nuestra vida, en general, cuenta con una banda sonora que vamos construyendo a medida que atravesamos etapas y momentos vitales. Ya sean los hits del momento, esos temas que reproducimos en bucle, casi sin darnos cuenta, porque nos encantan y hasta nos definen, o los discos de nuestros cantantes y grupos favoritos. Pero hay un momento en el que la música adquiere un poder emocional muy especial: la adolescencia. Melodías que acompañan aquellos primeros amores —también rupturas—, las amistades más intensas o esos momentos a los que determinadas letras nos ayudan a poner nombre, a entender y a definir qué es exactamente lo que estamos sintiendo. Y es que, por mucho que pase el tiempo, volver la vista atrás en recuerdo de esa época, nos traslada inevitablemente a ciertas canciones, artistas o bandas, instaladas para siempre en nuestra memoria emocional.
“Durante la adolescencia el cerebro muestra una mayor sensibilidad a la emoción y a la novedad. La música suele acompañar experiencias intensas y primeras veces, con una alta activación emocional”, nos explica Francisco Rivera, Manager Clínico de Unobravo. “Esto favorece una codificación profunda en la memoria autobiográfica, es decir, no se recuerda solo la canción, sino el estado emocional asociado”, aclara. Por eso, Garbiñe Continente, editora de Estilo de Vida de esta misma cabecera, lo tuvo tan claro cuando La Oreja de Van Gogh anunció la gira Tantas Cosas que Contar para 2026 con motivo del regreso de Amaia Montero como vocalista: “Desde el instante en que saltó la noticia, en el grupo de WhatsApp de mis amigas hubo consenso: teníamos que ir a ese concierto”. Más que por el fenómeno fan, su entusiasmo fue guiado por la nostalgia adolescente. “Ir a ese concierto todas juntas, cantar La Playa, El 28, Rosas y La Reina del Pop, es una forma de decirles a aquellas niñas que esa amistad que construyeron hace más de 20 años sigue tan viva y sincera como el primer día», apunta la periodista.
Según Rivera, volver a esas canciones que tanto nos marcaron —ya sea asistiendo a esas giras de reencuentro o simplemente escuchándolas en casa— es una forma de regulación emocional y funciona, además, como autoconsuelo. He aquí la respuesta a todas esas cosas que seguimos haciendo por nuestro ‘yo’ adolescente. “Volver a escuchar esa música reactiva no solo el recuerdo, sino también el clima emocional asociado a aquel momento vital”, señala el experto. “Permite reconectar con una versión pasada de uno mismo y es una forma de continuidad emocional”, recalca por otro lado.
La música marca generaciones
Cada generación tiene sus grupos musicales y, para suerte de muchas de ellas, gracias a la nostalgia hacia los primeros años de los dosmil o a la década de los noventa, nos encontramos en pleno momento de ‘revivals’ musicales. En efecto, todo vuelve. Regresos inesperados como el de Amaia Montero a la Oreja de Van Gogh para los millenials, pero si saltamos al panorama internacional también tenemos la reconciliación de los hermanos Gallagher. Después de más de 15 años, Oasis ha celebrado una gira de reencuentro, reavivando temas tan míticos de los 90 como Wonderwall. Ni los millennials, ni los xennials e incluso la Generación Z más temprana han querido perderse la melancolía de este regreso, que ha reunido varias generaciones.
Pero si observamos la radiografía musical actual, aún hay más. En España, aunque no han desaparecido nunca del radar, Hombres G anunció para 2026 una gira titulada Los Mejores Años de Nuestra Vida. Un tour dedicado a sus fans más fieles, esos que permanecen desde los inicios del grupo en los 80 —mayoritariamente pertenecientes a la Generación X—, y un homenaje a todos los años que la banda ha compartido (ya van más de 40) al ritmo de Devuélveme a mi chica o Marta tiene un marcapasos. Para los adolescentes de finales de los ochenta y principios de los noventa, Modestia Aparte también sigue presente. El grupo, todo un fenómeno generacional con temas que resonaron fuerte, como Por amor al arte, Es tu turno, Ojos de hielo y Cosas de la edad, a pesar de separarse en 1994, continúa girando cada verano de la mano de Fernando López, quien en 2005 reavivó la agrupación con nuevas incorporaciones.

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