03/07/2026

Esta novia de Copenhague dedicó 50 horas a coser a mano plumas en su vestido de novia transparente

Pernille August Rosenkilde se casó con Jeppe August Soerensen Rosenkilde vestida con un ondulante top de plumas y una espectacular falda con transparencias que eran la perfecta representación en tela de su personalidad. La diseñadora e influencer danesa, que dirige la colorida y extravagante marca Per and the Zoo, quizás no previó la cantidad de trabajo que le llevaría envolver en plumas su propio look nupcial. La novia pasó unas 50 horas tiñendo cada pluma a base de té para formular el tono espumoso ideal, antes de cortarlas y atarlas en pequeños ramilletes y coserlas a mano sobre el corpiño, inspirado en su top azul favorito. Para la tela de la falda, por su parte, tuvo que buscar en varios proveedores de Francia y Reino Unido para encontrar la organza de seda adecuada, que no resultara demasiado fina, transparente o barata. Recurrió a la ayuda del sastre Rikke Hubert para asegurarse de que el look alcanzase el punto justo de elegancia y osadía, y añadió accesorios de Bottega Veneta para actualizar el conjunto. «Valió la pena», dice ahora la recién casada. «El vestido acabo siendo todo lo que había soñado, y Jeppe pensó que era lo más bonito que había visto nunca».

La pareja, que se conoció hace 13 años, ambos en la veintena, en un encuentro casual en un acto social de la Escuela de Negocios de Copenhague, se casó ante 88 invitados entre amigos y familiares en la iglesia de Grundtvig, donde bautizaron a su hija Lizzi, el primer día del verano. Mientras Pernille esperaba a que sonaran las campanas de boda y se abrieran las puertas de la capilla más bonita de Copenhague, sus dos «gays de honor» se hicieron un selfie a gritos de: «¡Esto es como la Met Gala!». El dress code elegido, “energía de protagonista”, había causado cierta confusión entre los invitados –»¿Pueden ser todos personajes de películas? ¿Valen películas de anime?»–, pero Pernille prestó looks de su suntuoso armario a unas cuantas invitadas y el cortejo nupcial se nutrió de Cecilie Bahnsen. «Nos temíamos algún Pikachu o un Hulk, pero parece que al final todo el mundo lo captó».

Después de casi gritar «sí, quiero» de emoción, la pareja saludó a los invitados con champán y hamburguesas con queso de McDonald’s a la salida de la iglesia, antes de partir en su adornadísimo coche azul vintage hacia Food Studio, en Refshaleøen. Las flores del jardín de la madre de Pernille llovieron sobre a la pareja al entrar en la fiesta, amenizada por la banda de jazz de Don Carlos –un alegre grupo de octogenarios–, y a Pernille le dio incluso tiempo a ganar una partida de ping-pong antes de la cena. La cena familiar a base de langostas a la parrilla, verduras danesas frescas y helado de ruibarbo se sirvió bajo una gigantesca bola de discoteca que hizo brillar a todos los invitados, exactamente como Pernille había soñado.



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