15/04/2026

Gemma Ruiz Palà: “Me planteé empezar la narración con un polvo interrumpido por un sofoco [menopáusico], porque creo que nunca se ha empezado así un libro o una peli”

Sobre la protagonista de su libro, un pequeño apunte antes de seguir. “Quise darle la vuelta a la peli de Hollywood optando por una prota americana, pero, en realidad, Kate Gold se nutre de todas las mujeres que conocemos todas nosotras. Yo hago muchos clubes de lectura en las bibliotecas públicas y las usuarias están con un desparpajo como nunca antes, tienen una vida muy activa, también a nivel sexual”, revela y ahonda: “Creo que, sociológicamente, en Occidente estamos en un momento único y revolucionario. Nunca había habido tantas mujeres en sus cincuenta, sesenta, setenta y hasta ochenta largos viviendo en plenitud su madurez y su vejez. Y esto la ficción lo tiene que recoger”.

Entre otras cosas, para visibilizar –sin tabúes ni vergüenza– signos de la menopausia como los mencionados sofocos. “Antes de la quemazón, te viene una especie de susto, una angustia relacionada con el no saber identificar qué te está pasando. Te preguntas: ‘¿Qué es esto?’ ‘¿Me voy a morir?’. Pero no, no. No te estás muriendo. Luego aprendes que te sube el sofoco, son un par de minutos incómodos, y ya está. Pero, si vives de espaldas a esto, cuando te llega, echas de menos haberte informado o preparado para ello. Por otro lado, si la madurez te pilla bien de dineritos y de salud, es un momento de mucha seguridad en ti misma: ya no te pueden ‘chotear’. No es casualidad que en esta edad, que estamos mejor que nunca para asumir tanto cargos públicos como puestos en la empresa privada, nos intenten decir que, como no tenemos la cara plastificada, no valemos nada”, ahonda.

Otro interesante aspecto que explora la novela es el de las contradicciones personales en relación a distintas problemáticas del s.XXI, de la sobreproducción de basura a la turistificación –cómo no abordar el tema cuando la acción sucede en la que quizá sea la ciudad más amenazada del mundo ante la llegada masiva y descontrolada de visitantes–. Estar concienciado sobre un tema no quiere decir ser, necesariamente, parte de la solución. “No podemos ser consecuentes y coherentes en todo. También hay que saber decirse: ‘Bueno, pues a lo mejor hoy no puedo gestionar las cuatro contradicciones que tengo. Voy a gestionar dos’. Quería eliminar un poco ese factor de ‘olla a presión’ que tanto sufrimos las mujeres, a las que se nos repite que tenemos que ser buenas madres, buenas amantes, buenas amigas, buenas en el trabajo y hasta buenas reciclando. Llega un momento en el que las exigencias son muy poco realistas”, argumenta la también autora, en 2016, de Argelagues (Aulagas; consonni, 2025) y Ca la Wenling (Proa, 2020).

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