El propio padre de Homer, Richard Gere, se hizo famoso por su papel en American Gigolo, convirtiéndose primero en un sueño húmedo y luego en símbolo mundial de elegancia (y protegido de Giorgio Armani). La sexualización del cuerpo masculino es clara, pero se denuncia poco, y por ello, cuando se hace, las reivindicación es más sutil e insidiosa: los cánones sobre el cuerpo masculino (interiorizados incluso en las mujeres) producen deseos específicos, haciendo que un hombre escultural resulte más deseable que uno «que come pizza dos veces por semana», como reza otro comentario bajo el vídeo de Homer. Entre los comentarios positivos están «Esto es mucho mejor que la típica tabletita de chocolate», o “Menos modelos de anuncio y más gente de verdad”.
Cuestión de representación
No es casualidad, pues, que el fenómeno del lookmaxxing (las técnicas de mejora personal para optimizar el atractivo físico) sea cada vez más peligroso y popular entre el público masculino. Lo que hace aún más preocupante esta obsesión de algunos por convertirse en la mejor versión de sí mismos (aunque les permita alardear de estatus económico) es el coste que supone mantener este estilo de vida: desde el tiempo para entrenar hasta las cuotas del gimnasio o la dieta. Además, a los hombres les resulta más difícil hablar de su cuerpo e inseguridades. Incluso hoy en día, verbalizar las propias fragilidades, incluso físicas, se considera un gran tabú, tachándose de falta de masculinidad. Impera la creencia de que el cuerpo masculino ha de estar preparado y fuerte para rendir, una necesidad totalmente irreal que da lugar a innumerables conversaciones sobre el entrenamiento y convierte competiciones extremas, como el Hyrox o el Iron Man, en el cumplimiento de un deber natural. En lugar de ello, deberíamos estar bien, nosotros y ellos. Deberíamos ser felices sin mentiras. El abdomen de Homer es uno de los primeros ejemplos de cómo se fiscaliza el cuerpo masculino en el mundo audiovisual. No sabemos si es el primer paso hacia una mayor representación de la realidad, pero esperamos que cada vez más gente (hombres y mujeres) entiendan que hablar de cuerpos es hablar de seres humanos y de la unicidad de sus rasgos. Generalizar no sólo es limitante, sino también limitado.
Este artículo se publicó originalmente en Vogue.com.
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