Honestidad entre amigas: por qué decir lo que piensas también fortalece la relación
Cuando hablamos de feminismo, inmediatamente vienen a nuestra cabeza los muchos derechos que hemos sido capaces de conquistar, y lo mucho que nos queda por recorrer en términos de igualdad. Sin embargo, rara vez se menciona que ese mismo movimiento también ha contribuido a reconocer el valor de la amistad entre mujeres. Durante mucho tiempo fue un vínculo que pasó desapercibido o malinterpretado, pero en los últimos años incluso ha empezado a despertar el interés de la ciencia. Uno de los estudios más conocidos es el de la Universidad de California (UCLA), que mostró que, ante el estrés, muchas mujeres activan un patrón llamado “tend and befriend” (“cuidar y conectar”), en lugar del clásico “lucha o huida”. Es decir, buscan apoyo, comparten lo que sienten y refuerzan sus vínculos con otras mujeres.
Este comportamiento tiene una base biológica. Diversas investigaciones han observado que las interacciones sociales cercanas —como hablar con amigas y sentirse escuchada— pueden favorecer la liberación de hormonas relacionadas con el bienestar, como la oxitocina, capaz de reducir los niveles de estrés y reforzar la sensación de seguridad y conexión con los demás. No es casualidad que cada vez sean más las mujeres que priorizan a sus amigas y recurren a ellas para procesar momentos difíciles, tomar decisiones o simplemente sentirse acompañadas.
Cuando la amistad también implica decir la verdad
Si algo hemos aprendido en los últimos años es que la amistad entre mujeres no es solo un espacio de complicidad, sino también un lugar donde se ponen a prueba la confianza y la honestidad entre amigas, especialmente en relaciones de largo recorrido. Un ejemplo reciente lo hemos visto con dos amigas icónicas, Taylor Swift y Blake Lively. A raíz del juicio que enfrenta a la actriz con Justin Baldoni, algunos de los mensajes entre ellas han salido a la luz en el proceso judicial, dejando expuesta su relación y alimentando la percepción de cierta distancia entre ambas, lo que nos recuerda que incluso las amistades más sólidas pueden tambalearse cuando llegan momentos difíciles o cuando las etapas vitales de cada una empiezan a transitar por caminos distintos.
Decir lo que pensamos sin herir, expresar un malestar antes de que se convierta en resentimiento o acompañar a una amiga en un momento complicado son habilidades emocionales que rara vez aprendemos de forma explícita, aunque son clave para que las relaciones sobrevivan al paso del tiempo. “Mostrarse pasivo en los contextos sociales tiene que ver con pensamientos limitantes relacionados con el miedo al rechazo, al enfado, a que la otra persona se moleste o piense mal de nosotros. Esto lleva a no expresar lo que sentimos o a hacerlo de manera poco genuina”, explica Pilar Conde Amalé, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen.
La clave, señala la experta, está en aprender a comunicarnos desde la asertividad. “Se trata de expresar nuestros derechos y opiniones respetando los del otro y sin invadirlos”, e insiste en que muchas personas evitan ser sinceras con sus amigas por miedo al conflicto, al rechazo o a que la otra persona se moleste. El resultado suele ser una comunicación poco genuina, en la que lo que realmente pensamos o sentimos termina quedándose sin decir.

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