Cada año, los equipos del Festival de Cannes cuelan un ovni en la sección oficial. A menudo se trata de una película de género, pero cuyos contornos estilísticos no pueden definirse a la perfección. Después de largometrajes como Titane y La sustancia (sin olvidar Resurrection, de Bi Gan, el año pasado), Hope ha sido una de las películas más esperadas de esta 79ª edición ya desde que se hizo pública la lista de candidatas a la Palma de Oro. Concebida por el cineasta coreano Na Hong-Jin, autor de la inolvidable (y mórbida) The Chaser (2008), la película se desarrolla en la pequeña ciudad portuaria coreana de Hope Harbor, donde la vida de sus habitantes da un vuelco el día en que aparecen unas vacas sacrificadas sin explicación alguna. Tras barajar la posibilidad de que se tratara de un oso rabioso o de un tigre en libertad, las autoridades locales tienen que asumir que un nuevo mal se cierne sobre la localidad y su población, mayoritariamente anciana. Con casi tres horas de duración, la película despierta a un Festival de Cannes adormecido y se sitúa muy por encima de las demás películas a competición.
El cine de lo invisible
Hay que decir que el proyecto tiene visos de convertirse en todo un fenómeno. A Na Hong-Jin le asaltó la idea en 2017, cuando comía en un restaurante. Desde entonces, ha trabajado sin descanso para montar el ambicioso fresco de este thriller sci-fi. El rodaje, que arrancó en 2024, terminó este 2026, apenas unos días antes de su presentación en el Festival de Cannes. Hope sorprende por su alucinante puesta en escena, muy en consonancia con la trepidante narración a la que acompaña. El cineasta no escatima en planos de gran angular para captar la exuberante naturaleza que rodea a su pueblo de personas mayores, cuyas vidas pronto se ven alteradas por una amenaza invisible que Bum-seok, el jefe de policía local (Hwang Jeong-min) y su primo Sung-ki, un hábil cazador (Jo In-sung), deben combatir.
Más que lo que muestra, lo que hace que la película de Na Hong-Jin sea un éxito es, precisamente, lo que queda fuera de plano. Dividida en tres actos distintos, la cinta cautiva desde sus primeros minutos y nos hace contener el aliento durante casi una hora, optando por mantener su famosa amenaza fuera de la vista del público. El director ya había demostrado su maestría con los thrillers psicológicos que sobresalen en el arte de torturar al espectador, gracias sobre todo a la información que se elige revelar… o mantener en secreto. En The Chaser, concretamente, asistimos impotentes a la impunidad de un asesino en serie cuya identidad se revela desde los primeros instantes de la película. Con Hope, el cineasta se supera manteniendo ocultos a sus monstruos el mayor tiempo posible, creando situaciones de angustia pocas veces tan logradas. De una secuencia terrorífica a la siguiente, no podemos evitar gritar de horror ante los cuerpos desmembrados que deja a su paso la criatura que ataca el puerto de Hope.

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