02/07/2026

Julieta Lasarte, artista visual: “He tratado de construir una visión propia sobre el encaje de Camariñas desde un punto de vista más simbólico, llevando esta tradición a un terreno más onírico”

Julieta Lasarte, directora y artista visual, ha sido una de las tres creadoras –las otras, Inés Llasera y Esther Merinero presentaron dos instalaciones escultóricas creadas ad hoc–, que presentaron sus obras con motivo de la exposición Encaixe de Camariñas x Pull&Bear en la Galería Belmonte de Madrid. El propósito era acercar a las nuevas generaciones esta herencia cultural propia de este municipio coruñés, con los códigos estéticos del presente, a través de la moda y del arte.

Lasarte contribuyó a esta propuesta de Pull&Bear con una pieza audiovisual en película analógica de 16 mm.. En ella, quiso hablar sobre la transmisión del conocimiento, el trabajo manual y la relación entre cuerpo, materia y territorio. La banda sonora original, creada por el músico y productor Pedro Vian, acompaña el característico sonido de los bolillos, amplificando la dimensión sensorial de la pieza y estableciendo un puente entre tradición y contemporaneidad.

¿Por qué decidiste aceptar el encargo?

Yo vengo del documental y estudié Historia del arte, así que trasladar este imaginario tan potente del encaje a una galería de arte con una pieza audiovisual que partiese de un concepto real me parecía un sueño. Pero nunca quisimos hacer un documental, sino construir una visión propia sobre el encaje desde un punto de vista más simbólico, tratando de contextualizar esta tradición y llevándola a un terreno un poco más onírico.

¿Cómo fue el proceso creativo?

Fuimos a Camariñas con el equipo de producción cuatro días antes del rodaje. Es un pueblo precioso y la gente allí es increíble; nos recibieron con las manos abiertas y nos ayudaron a empaparnos de esta tradición. Mi mejor aliada fue Dolores Lema, la directora de la Mostra do encaixe de Camariñas. Fue ella quien nos explicó esta técnica y nos presentó a las palilleiras. Además, nos hizo una ruta por el museo y las asociaciones que resultó muy interesante.

¿Conocías el encaje de Camariñas?

Yo de pequeña había tenido contacto con los bolillos, que es como les llamamos en Cataluña, porque en el pueblo en el que veraneaba había una fuerte tradición. Recuerdo acompañar a mi madre y sentirme hipnotizada con el sonido de las maderas y viendo lo rápido que van las manos. Es un proceso muy mecánico de una precisión increíble; hacen esos tejidos casi sin mirar.

Esta vez, mi objetivo era plasmar esta tradición desde una reinterpretación contemporánea a través de la imagen, del ritmo, de la textura y de la música… E intentar descontextualizar los elementos de este proceso tan artesanal para ofrecer una experiencia visual abstracta, sensorial, fragmentada; jugando con el detalle, la repetición, la transparencia, el movimiento; y creando un universo donde el encaje dejase de convertirse en un elemento tradicional para convertirse en materia visual.

¿Por qué decidiste rodarlo en 16 mm.?

Porque me siento muy cómoda con este formato analógico. Para mi primer cortometraje me compré una cámara Bolex de 16 mm. y muchas veces he revelado películas en blanco y negro en mi casa. Hay algo de la estética de la textura y los colores que solo te da la película analógica, pero también una parte filosófica: cuando ruedas en película no puedes rodar tanto como en digital porque no es infinita y tienes que pensar muy bien qué planos quieres rodar. Es casi como si hicieras el montaje en cámara.

Además, me encanta jugar con las múltiples exposiciones hechas en cámara, rebobinando la película y volviendo a rodar por encima. No hay efectos de posproducción y eso me permite explorar conceptos como el tiempo, la repetición, lo mecánico… Todo eso era ideal para este proyecto.

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