Un futuro que mira al pasado: el ‘look’ más ‘avant-garde’ de Kim Kardashian es un guiño a la época clásica
Nunca hemos vivido en una época tan obsesionada con el futuro. La inteligencia artificial redefine la creatividad, las redes sociales aceleran las tendencias y las firmas de lujo exploran materiales que hace apenas una década parecían ciencia ficción e incluso fabrican las propias piezas sobre la pasarela –recordemos cuando Coperni le hizo el vestido blanco a Bella Hadid durante su desfile allá por 2022–. Sin embargo, cuando llega el momento de construir una imagen de belleza absoluta, de sofisticación o de poder femenino, la industria sigue mirando hacia el mismo lugar: el pasado.
Basta observar las campañas publicitarias de las grandes casas de moda, el tema elegido por el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York para su exposición de 2026 –Fashion is art, en castellano, la moda es arte– o incluso algunas de las imágenes más virales de las celebridades contemporáneas para encontrar una constante. Los drapeados, las siluetas escultóricas, los tonos marfil y las referencias a Venus, las musas o las diosas grecorromanas continúan dominando el imaginario visual. La última aparición de Kim Kardashian en Mónaco es un ejemplo perfecto de esta fascinación.
A priori, el estilismo parece responder a los códigos habituales del armario de una Kardashian: una silueta ajustada, una paleta neutra y una construcción pensada para enfatizar la figura. Sin embargo, observándolo con detenimiento, resulta imposible no encontrar referencias mucho más allá. El vestido marfil que lucía la empresaria recordaba a las túnicas que aparecen representadas en innumerables esculturas de la antigua Grecia. El tejido se le adhería al cuerpo sin rigidez, generando pliegues suaves que parecían esculpidos sobre la figura en lugar de confeccionados. Incluso la elección cromática parecía reforzar esa sensación de estatua clásica que cobraba vida bajo el sol del Mediterráneo en su cuerpo.
Lo interesante es que esta fascinación por el arte clásico va mucho más allá de una cuestión estética. Desde la Antigua Grecia hasta el Renacimiento, las representaciones de diosas, musas y figuras mitológicas ayudaron a construir gran parte de los ideales de belleza que todavía hoy siguen presentes en nuestro imaginario colectivo. Por eso, cuando las grandes casas recurren a drapeados, tejidos fluidos, tonos marfil o siluetas escultóricas, no está simplemente recuperando una tendencia del pasado, sino más bien conectando con un lenguaje visual que durante siglos se ha asociado a conceptos como la elegancia, el prestigio y el poder. Y, ¿qué mejor escenario para materializar estos ideales que en un Gran Premio de Fórmula 1 y lo que sociológicamente ello supone?
Kim Kardashian representa una paradoja fascinante. Pocas figuras son tan contemporáneas como ella, nacida de la cultura mediática y amplificada por las redes sociales. Sin embargo, para proyectar una imagen de sofisticación, sigue recurriendo a códigos que tienen miles de años de historia. Y es que las diosas clásicas nunca desaparecen, simplemente cambian los templos por las alfombras rojas y los mármoles por feed de Instagram.

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