Un castillo como escenario
Si el vestido simbolizaba el vínculo con el pasado, la boda fue concebida como una gran celebración capaz de reflejar el presente. La elección de Sicilia y del Castillo de Xirumi llegó después de recorrer numerosas localizaciones, hasta encontrar un lugar que, sencillamente, sintieron que era el adecuado.
«Hemos encontrado un lugar que todavía no es muy conocido, pero estoy convencida de que todo el mundo se enamorará de él en cuanto lo vea, igual que me pasó a mí. En realidad, no existe un motivo especialmente romántico o simbólico por el que eligiéramos este sitio. Cuando empezamos a organizar la boda, me di cuenta de que sabía mucho menos de lo que imaginaba. Así que comenzamos a visitar espacios por todas partes. Vimos muchísimos y fue un proceso largo, porque buscábamos un lugar que reuniera todo lo que teníamos en mente: belleza, personalidad, distintos ambientes y, sobre todo, la posibilidad de convertir la boda en una auténtica fiesta, sin horarios ni limitaciones«, explica Aurora.
«El Castillo de Xirumi fue el último lugar que visitamos y, paradójicamente, ya no tenía disponibilidad. Aun así, recuerdo verlo y pensar al instante: ‘Es este’. No sabría explicar exactamente por qué. Hay sitios que, simplemente, te hacen sentir como en casa. Tenía todo lo que buscábamos. Me enamoré del lugar desde el primer momento y, a partir de entonces, ya no fui capaz de imaginar nuestra boda en ningún otro sitio.»
La atmósfera del gran día también se diseñó con el mismo cuidado que el vestido: sin rigideces ni protocolos innecesarios, sino con la intención de que cada invitado se sintiera parte de una celebración auténtica.
«Lo planteamos todo a partir de una pregunta muy sencilla: ¿cómo queremos que se sientan las personas que queremos cuando vuelvan a casa? La respuesta era solo una: felices. Tengo una especie de obsesión con estas cosas; cuando organizo algo quiero que cada detalle salga perfecto. He asistido a muchísimas bodas como invitada y sé perfectamente qué funciona y qué no debería pasar nunca», cuenta.
«Más que una boda tradicional, hemos organizado una celebración de nuestros diez años de amor. En el centro estamos nosotros, por supuesto, pero también todas las personas que han hecho que este camino haya sido tan especial compartiéndolo con nosotros. Queríamos que cada detalle hablara de quiénes somos, sin tomarnos demasiado en serio. Habrá romanticismo, claro, pero, sobre todo, habrá ligereza, música, sorpresas y muchísimas ganas de disfrutar juntos. Nuestro objetivo es que los invitados se sientan parte de la fiesta y no simples espectadores.»

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