El fin de semana comenzó con una fiesta de bienvenida en Villa Eilenroc, en Antibes. La velada reunió gastronomía, cócteles y varios discursos de familiares y amigos. “Al principio fue una noche bastante tranquila”, recuerda Desiré. “Pero cuando llegó la banda de música, Mondo y yo fuimos los primeros en salir a bailar y el resto de los invitados se unió enseguida”. La celebración terminó con la pista llena al atardecer mientras el DJ Thomas ponía música.
Para esa ocasión, la novia eligió un vestido palabra de honor de Georges Hobeika, formado por capas de tul bordado con cuentas, del mismo diseñador al que había recurrido para la Met Gala de 2026. “Hace años que estoy fascinada con sus diseños artesanales y quería incorporar también ese brillo”, explica. Para completar el conjunto llevó un colgante con diamante amarillo de Tiffany & Co. Mondo, por su parte, vistió un traje de Tiger of Sweden con chaqueta cruzada azul marino y pantalones blancos con dibujo en espiga.
La ceremonia comenzó, como no podía ser de otra manera tratándose de una pareja sueca, al ritmo de ABBA. “Cuando el pianista empezó a tocar Slipping Through My Fingers, ya estaba llorando de emoción”, recuerda Desiré sobre su entrada acompañada de su padre.
Rodeada de flores y junto a Mondo, sintió una enorme tranquilidad. “Estar al lado de la persona a la que más quiero, frente a las personas que más quiero, me hizo sentir profundamente feliz y en paz”, explica.
El novio comparte esa sensación y recuerda especialmente el cariño recibido por parte de todos los asistentes. “Fue la mezcla cultural más bonita que podíamos imaginar. La mitad de mis amigos y familiares son de Luisiana y la otra mitad, junto a mi mujer Desiré y toda su familia, son suecos”, cuenta. “A eso se sumó un grupo de amigos internacionales que aportó una energía increíble. Nos sentimos inmensamente queridos”.
Tras intercambiar votos personales y darse el “sí, quiero”, comenzó el cóctel. Los recién casados inauguraron la celebración llenando una torre de copas de champán antes de que la novia se retirara junto a sus damas de honor para cambiarse de vestido. “Incluso me dieron un masaje en las piernas después de tantas horas subida a unos tacones altísimos”, bromea.

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