Los hijos de Paulina y su hijastro interpretaron El Moldava, de Smetana, al violín y la guitarra mientras el cortejo nupcial avanzaba hacia el altar. Jill, la hermana de Jeff, y Kym, el hermano de Paulina, ejercieron de oficiantes de la ceremonia de boda y se encargaron de redactar los votos de la pareja. «Lo dejamos todo en manos de Jill y Kym, que se estuvieron enviando borradores de Maine a Texas, y el resultado fue magnífico», comparte Jeff. «No cambiaríamos ni una sola palabra, y viniendo de dos escritores, eso es mucho decir». Paulina añade: «Para mí, la familia representa mi sensación de seguridad, así que tener a la familia guiándonos a través de los votos fue algo muy profundo».
Al terminar la ceremonia de boda, Jeff rompió una copa de un pisotón y los recién casados se besaron al menos cuatro veces antes de desfilar al ritmo de Go All the Way, de The Raspberries. Tras concluir el breve enlace civil para formalizar su matrimonio legal, la canción volvió a atronar por los altavoces. En lugar de los posados tradicionales posteriores, la pareja prefirió hacerse una gran foto de grupo con todos sus invitados en una calle empedrada.
La celebración continuó en Villa Crespi con el banquete, los brindis y muchísimo baile. El chef del hotel, Antonino Cannavacciuolo, cuenta con nueve estrellas Michelin en su haber, por lo que, como es natural, «muchos de los invitados comentaron que había sido el mejor banquete de boda de sus vidas», recuerda la novia. La recepción también estuvo repleta de detalles creativos; cada mesa llevaba el nombre de un famoso director de cine italiano —a excepción de una, dedicada al director checo Miloš Forman, difunto marido de una de las invitadas—. «Nuestro primer baile fue con Moon River, otra canción con un significado muy especial para nosotros», comparte Paulina. «Una de las frases de ese tema aparecía en la dedicatoria de las flores que Jeff me envió justo después de nuestra primera cita». Aunque el único discurso programado era el de Henry, el hijo de Jeff, otros invitados –incluidos los hermanos del novio, los hijos de Paulina y su madre– se animaron a coger el micrófono para dedicarles unos emotivos brindis. «Después, Jeff pronunció un discurso que, si no hubiera estado ya locamente enamorada de él, me habría hecho caer rendida en ese mismo instante», confiesa Paulina.

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