Meses antes del gran día, la novia comenzó a trabajar con Kiko Ruiz, quien se encargó de su peinado. “Contar con Kiko durante el proceso, cuidándome el cabello durante el año previo a la boda y en el día en sí, ha sido mágico. Tenerle cerca ese día me daba confianza y seguridad; tiene un criterio impecable y su trabajo es magnífico. Le conocí por una amiga y ese mismo día le pregunté si podía peinarme el día de mi boda, lo tuve clarísimo. Nos peinó a las tres, a mi madre, a mi hermana y a mí”, recuerda la novia. Del maquillaje se encargó Cristina Quijada. “Nos maquilló a las tres: a mi hermana, a mi madre y a mí. Tenerla en los preparativos fue maravilloso; me mantuvo muy tranquila y su trabajo fue impecable. Acertó con el estilo de cada una y nos sentimos nosotras mismas, algo que para mí era esencial”, cuenta.
El vestido de la novia fue diseñado por Nicolás Montenegro. “Conocí a Nicolás Montenegro por su hermana Ana, compañera de mi madre, que hablaba maravillas de Nicolás. Soy una persona que se deja llevar mucho por lo que alguien me hace sentir, ese feeling, y cuando lo conocí en persona lo supe; apenas le conocía y ya confiaba en él. Mi hermana y mi madre no tardaron en unirse a mí para ponerse en manos de Nicolás y su equipo. ¡Sin duda ha sido todo un acierto! Vivir este proceso con ellas, ir a las pruebas juntas y ver la evolución ha sido muy especial para las tres. Nicolás y su equipo han realizado un trabajo excelente, con cercanía y poniendo verdadero amor en cada pieza”, desvela la novia.
Valle acompañó su vestido con unos zapatos de Flor de Asoka. “Quería ir cómoda y había escuchado hablar muy bien de esta marca. Los zapatos son de piel y preciosos, sin duda la mejor opción”, confiesa la novia. Para completar el look, la novia incorporó dos piezas de joyería muy especiales. “La medalla fue un regalo de mi amiga Patricia Hamu, que no pudo venir a la boda; me pareció muy especial tener algo suyo ese día”, explica Valle. Además, lució unos pendientes únicos: “Una de las mejores amigas de mi madre, Encarna, me enseñó unos pendientes suyos antiguos, hechos con mucho cariño, dado que son herencia de una familia de joyeros. Al verlos dejé de buscar; quería llevar algo prestado y, sin duda, ¡eran los pendientes!”, comparte.

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