Tras una pausa al atardecer para contemplar cómo se extinguía la luz sobre el sublime paisaje, casi extraterrestre, la fiesta regresó al jardín de rosales para el corte de un tiramisú gigantesco al ritmo de Eyes of a Stranger, de Payolas. “Lancé mi ramo de rosas color rojo sangre y dio comienzo la fiesta”, cuenta Tayah.
Y vaya si lo fue. “La capilla se transformó en una pista de baile que no cesó hasta altas horas de la madrugada”, con la música de los londinenses Bahamian Moor, Miss Jason, Lord Tusk y Susu Laroche. Con los invitados sumidos en un trance, la pareja se escapó un momento para cambiarse y lució sus últimos looks de la noche. “Mi vestido de fiesta para la medianoche fue creado por la artista Samara Scott bajo su firma SOS Skyn”, explica Tayah. “Estuve involucrada en los inicios de la marca, así que me pareció de lo más natural llevar una creación suya. Sus vestidos son auténticas obras de arte en sí mismos, y nos imaginamos algo parecido a una sirena nocturna: desmelenada, líquida y como desdibujándose sutilmente. El resultado fue un deslumbrante vestido moldeado en látex, combinado con unas medias de corte irregular que parecían deslizarse en gotas por el cuerpo”.
Laurie, por su parte, “se cambió a un traje negro de Bottega Veneta, un homenaje a Italia y al extraordinario lugar donde nos casamos. Lució sus propias creaciones exclusivas de camisa y corbata, sacrificando finalmente tres camisas entre vino, sudor y lágrimas a lo largo de la noche”.
Durante todo el fin de semana, la pareja lució joyas de Colombe d’Humieres, una escultora formada en el Royal College of Art con quien colaboraron durante un viaje a París. “Su trabajo posee una cualidad barroca, ajena y resquebrajada que a los dos nos fascina”, apunta Tayah, “algo gótico, pero también de otro mundo”.
De vuelta en la pista de baile, la pareja bailó finalmente su primer vals; aunque, en contra de la tradición, no tuvo lugar hasta el cierre de la velada. “¡En realidad terminó siendo nuestro último baile a las cuatro de la madrugada!”, cuenta Tayah entre risas. “Fue con la versión que Eurythmics hizo del tema de The Smiths, Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me. Después de eso, por fin nos arrastramos a la cama para reagruparnos junto a la piscina al día siguiente y curar la resaca con pizza y la música de los amigos de la infancia de Laurie: Kit Grill, Mica Levi, James Massiah, Josef Kurtz y Susu Laroche”.
Al reflexionar sobre el fin de semana, “todavía estamos flotando en algún punto entre el recuerdo y la realidad. Lo que más se nos quedó grabado, sin embargo, no es el espectáculo que fue todo, sino la sensación de haber estado rodeados de personas a las que admiramos, queremos y respetamos en un lugar ya de por sí impregnado de historia y emoción”, reflexiona Tayah. “Durante unos días, pareció como si todas las parcelas de nuestra vida —familia, amigos de la infancia, artistas, escritores, músicos y colaboradores— se hubieran reunido en un marco extraordinario. Al mirar atrás, la sensación dominante es de absoluta gratitud. Pudimos celebrar nuestro amor en un lugar que adoramos, con la gente que queremos, y eso se siente como algo increíblemente único”. Y todo ello, rodado en una sola toma perfecta.
Este artículo se publicó originalmente en Vogue.com
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