La máscara de pestañas por la que recorrí 1.945 kilómetros
Esta historia va a ser corta: chica viaja a Roma, pasea por la Via del Corso y, guiada por la curiosidad, entra en una pequeña tienda de maquillaje de una marca desconocida para ella. Sale con una máscara de pestañas de envase rosa fosforito, la misma que la dependienta le recomendó encarecidamente. Al día siguiente, la pone a prueba en el baño de su hotel y, apenas media hora después, tras el café de rigor y unos cuantos cannoli rellenos de crema dulce de ricotta para acompañar a su espresso –porque toda indulgencia gastronómica es bienvenida cuando una está de vacaciones en el país transalpino–, vuelve a entrar en la misma tienda, en la misma calle, decidida a hacerse con todas las existencias de aquella máscara de pestañas. Por desgracia, solo quedaban tres. Esa chica soy yo. Y de aquel día han pasado ya quince años.
Tres años después de ese día, en mayo de 2015, con aquel pequeño botín más que agotado, la misma chica –sí, yo otra vez– se dispone a planear un viaje con sus amigas. Sobre la mesa: Viena, París, Londres, Budapest y Roma. “Pero tía, si ya has estado en Roma, ¿no prefieres visitar otro sitio?”. Spoiler: mes y medio más tarde estaba entrando en la misma tienda para comprar la misma máscara de pestañas. Mis amigas, por supuesto, también se llevaron su correspondiente souvenir.
La protagonista de esta historia no soy yo, sino la máscara Step by Step de Wycon. Su fórmula prometía volumen, definición, y unas pestañas ‘efecto abanico’ en cuestión de segundos. La dependienta que me atendió, que recubriría cada pestaña sin apelmazar, aportando densidad y curvatura. Su caja, que un aplicador bifásico de elastómero alcanzaría incluso las pestañas más finas, separándolas con precisión milimétrica y multiplicando visualmente su volumen. Todos lo prometían, y vaya si lo cumplían: es de las mejores que he probado nunca, duradera, intensa y resistente, apta incluso para ojos sensibles o larguísimas caminatas por Roma en pleno julio.
Ahora, aunque la fórmula se mantiene intacta, su packaging ha cambiado: ya no es aquel rosa fosforito inconfundible, sino un elegante acabado plateado. Aunque, como suele decirse, lo importante sigue estando en el interior. Y es precisamente esa eficacia de su fórmula la que me ha llevado a escribir este artículo, y la que explica todo lo que ha venido después, como que ya envían a España y que puede encontrarse en también Amazon. La mala noticia es que casi siempre está agotada, así que prueba suerte y, si no la encuentras, siempre quedará Roma.


Más historias
Las obsesiones de julio 2026 de la editora de compras de Vogue
Il Pellicano: así es el hotel de la Toscana donde se alojó Dua Lipa en su luna de miel
Premio Vanity Fair Personaje del Año 2026, el chef José Andrés