25/06/2026

La paciencia: la habilidad más infravalorada del trabajo

La paciencia: la habilidad más infravalorada

Una de las afirmaciones que más he escuchado a lo largo de mi vida es lo paciente que soy. Amigos, colegas de trabajo, familiares, todos parecen estar de acuerdo en que la paciencia es una habilidad o una de las “virtudes” que me definen. Y lo pongo entre comillas porque nunca había tenido claro si este rasgo me sería útil más allá de poder enfrentar cualquier desaguisado doméstico con entereza, o de ser capaz de esperar sin hacer evidente mi nerviosismo.

Para mi sorpresa, al hablar con distintos expertos en liderazgo supe que esta es una de las cualidades más valoradas dentro de los equipos de trabajo, como explica Emma Gumbert, experta en bienestar corporativo y embajadora de Somos Fanes, un movimiento cuyo propósito es el de inspirar y motivar a que adoptemos un estilo de vida más equilibrado física, mental, emocional y socialmente; quien me explica que es una habilidad que se entrena igual que la asertividad o la escucha activa. «La paciencia es la capacidad de tolerar la incomodidad sin reaccionar de inmediato”.

Afirma que en un contexto laboral acelerado donde todo parece urgente, la paciencia se convierte en un acto que permite regular las emociones, ampliar la perspectiva y responder desde la claridad, algo especialmente útil en contextos de crisis o poca certeza. “Cuando dejamos de actuar con inmediatez, cambiamos de canal mental.
Pasamos del sistema emocional reactivo —rápido y defensivo—
al sistema racional —analítico, creativo y estratégico—. Eso nos permite ver opciones que antes quedaban ocultas, entender mejor las motivaciones e intereses de los demás y distinguir lo urgente de lo importante”.

En este sentido, para Alessandro Punturo, fundador de Coneex Leadership Coaching, firma especializada en liderazgo corporativo y transformación cultural para grandes corporaciones, cuanto más crece un líder en su recorrido profesional, más debe aprender a pausar y mirar todo con distancia. “Un líder no puede tomar decisiones basadas en impulsos o en la reactividad. Debe ser ágil y sensible al cambio, pero nunca precipitado”. Sin duda me identifico con esta forma de ser que necesita la pausa antes de actuar, y la reflexión como antesala a la toma de decisiones, aunque en un entorno donde todo es para ayer, me cuesta aplicar esta habilidad de forma práctica.

Punturo me habla del método Core Energy, desarrollado para identificar desde dónde estamos actuando para poder elegir hacerlo distinto. “No lideramos solo con nuestras competencias, sino con nuestro nivel de energía. Esa energía combina pensamientos, emociones, creencias, percepciones y actitudes”. Señala que cuando el nivel energético cae, también lo hacen la paciencia, la capacidad de análisis y la calidad del liderazgo: “Entramos en modos de defensa, control, urgencia o juicio. Y desde ahí tomamos decisiones pobres”. En cambio, cuando hacemos las cosas con calma y desde niveles energéticos elevados, impulsamos el pensamiento estratégico, la intuición y la creatividad. “Un líder consciente de esto trabaja en sinergia con sus equipos y tiene un impacto contundente tanto en el clima empresarial como en los resultados”.

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