Las botas infalibles para una editora de moda
Lo confieso: pocas cosas en el mundo me gustan más que los zapatos en todas sus declinaciones: desde las sandalias hasta las zapatillas, pasando por los mocasines, las bailarinas y las botas. Y aunque antes solía pensar que jamás tenía suficientes, lo cierto es que ahora soy mucho más consciente de lo que compro –la experiencia es un grado, supongo–. Hace algunos años, cada invierno se transformaba en una especie de ritual: entrar en mis tiendas favoritas y dejarme llevar por la emoción de descubrir un par nuevo, sin pensar demasiado en si realmente lo necesitaba, si se combinaban con el resto de mi armario, o si serían cómodos de verdad. Con el tiempo, sin embargo, he aprendido que hay ciertos modelos que trascienden temporadas y tendencias, y que se convierten en un comodín infalible y en el que de verdad merece la pena invertir. Y entre todos ellos, hay un par que nunca me falla: esas botas que, casi sin darme cuenta, he ido comprando casi desde los 15 años.
Me refiero a los botines camperos –de tacón bajo o muy cómodo y con una punta ligeramente afilada–, un básico de mi armario que se ha vuelto un must have a la hora de llevar unos pantalones vaqueros.
Recuerdo el primer par que mi madre me compró cuando tenía 15 años: de ante, con flecos laterales. Les quité literalmente el jugo. Fue entonces cuando descubrí que este tipo de botines podía salvarme cualquier look invernal con muy poco esfuerzo –algo que todas deseamos en el día a día–. Unos años después, cuando aquellos primeros botines estaban tan desgastados que ya era imposible utilizarlos, añadí a mi colección un par negro; y con uno de mis primeros sueldos, me regalé unos en color marrón que, sorprendentemente, todavía los conservo en buen estado.
Lo curioso es que, casi sin darme cuenta, cada invierno en el que quiero invertir en un par de botas mis ojos se siguen yendo a los que mejor encajan con mi estilo clásico. He probado otras tendencias a lo largo de los años, desde botines militares hasta botas ecuestres, pero cuando me canso, siempre regreso a los orígenes. Por algo será.
A la cesta en 3,2,1…

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