A Lorena Iglesias (A Coruña, 1980) se le ocurrió escribir su primera serie, Millennial Mal, a causa de unos celos. “Este proyecto nace de mi envidia a la generación Z”, reconoce con rotundidad. “Hace unos años, cuando estaba a punto de cumplir los 40, hablaba con colegas de mi edad sobre que nuestra juventud, a finales de los 90, había sido saboteada. Había ciertos mandatos y roles que nos hicieron no disfrutarla lo suficiente”. Iglesias es, en el lenguaje sociológico correcto, millennial geriátrica, así que sabe de lo que habla: forma parte de esa generación condenada a vivir en su mayoría peor que sus padres. “Estamos estancados entre una adultez que no nos podemos permitir, en la que encadenamos trabajos precarios y nos vemos obligados a compartir piso, y una juventud que no podemos soltar del todo y dejar ir. Hemos vivido lo peor de ser jóvenes sin lo mejor de esa fase. Me pregunté cuándo me tocaba a mí lo bueno de la juventud. Creo que la sociedad tiene una deuda con las mujeres de mi generación y la serie busca saldarla simbólicamente”.
Son cinco capítulos, disponibles a partir del 30 de junio en Filmin, los que cuentan la historia de esta Millennial Mal de la que Iglesias es creadora, guionista, protagonista y codirectora junto a Andrea Jaurrieta. Encarna a Judith, una bibliotecaria con una vida aburridísima que se ve obligada a volver a la universidad con 42 años para cobrar una beca que se le ha concedido por error. Es la única manera que tiene para sanear unas desastrosas finanzas que ni siquiera le permiten afrontar una factura veterinaria. Eso sí, tendrá que evitar a toda costa que la institución descubra su edad real y hacerse pasar por veinteañera. “Tenía muchas ganas de mostrar la rabia que me da el reproche a alguien por ser boomer. Lo eres porque no sabes usar TikTok o lo que significan los anglicismos. En mi opinión es más boomer la recriminación. No hay nada de malo y es un poco punki hacer mal esas cosas, que son en el fondo superliberales. La norma es saber utilizar TikTok, no es nada especial, y hay que romperla porque te devora”, explica. “Eso conecta con el miedo al cringe que tiene la generación Z y la Alpha. Ese temor a no exponerse y a no hacer las cosas por el ridículo y la vergüenza ajena. Quería normalizar el hecho de mostrarse y dar cringe; de ser, en definitiva, boomer”.
Judith comparte su vida adulta con su mejor amiga, Salomé, a la que encarna en su debut en la ficción la cómica y podcaster Isa Calderón, pero también se enamora de un médico al que interpreta Vito Sanz. A sus clases va acompañada de Claudia y Sofía, los papeles de Paula Gala y Victoria Oliver, que funcionan de cicerones centennial para conseguir camuflar a la protagonista entre sus compañeras con estilismos ad hoc. “Me costó llegar a un acuerdo con la directora de vestuario porque no entendía muy bien a la generación Z. Identificaba los colorinchis con algo moderno y ella misma me confesó que no estaba al día de las tendencias de ese grupo. Tuve que ayudarle y empecé a investigar dos líneas, no quería que la serie quedara muy beis porque tenía que ser bonita y vistosa”, rememora. “Encontré la corriente dopamine core, que es la que lleva Claudia, que tiene más tonalidades. Luego di con otra que se llama avant apocalypse, que es la que llevaba Sofía. Entre las dos se encapsula lo que es la generación Z y por eso quería que fueran las tendencias que llevan las jóvenes que ayudan a la protagonista, que es una mezcla de las dos. Paula y Victoria son mis amigas. Con ellas trabajamos mucho el aspecto. Aportaban cosas porque de repente tenían una camiseta que sabían que me iba a encantar”.

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