Visto de cerca, despojado de los focos y de la ilusión del Technicolor, el vestido se revela mucho más peculiar —y frágil— de lo que su leyenda sugiere. Para empezar, no es solo rosa. Bajo la célebre confección de seda peau d’ange se esconde una marcada franja negra, un contraste gráfico que recorre la espalda como un pequeño atisbo de cine negro bajo todo ese glamour en tono golosina. Y lo que en pantalla parece un único y enorme lazo es, en realidad, una compleja composición de pliegues y frunces, forrados en negro e integrados en la propia arquitectura del vestido.
En el interior, aún quedan rastros de la escena: manchas de varios días de rodaje, signos de tensión en las costuras y pruebas de los urgentes reajustes que tuvo que realizar el diseñador de vestuario William Travilla, afanado en que el vestido acompañara el movimiento de Marilyn y que la actriz sobreviviera al calor de las luces.
«El diseño es brillante», explica a Vogue Sophia Serrano, comisaria asociada del Academy Museum. «Pero en cuanto a calidad, no está hecho para durar más allá del rodaje de aquel número».
Foto: Ye Fan / Cortesía de Academy Museum
Foto: Ye Fan / Cortesía de Academy Museum
Esa es la hermosa contradicción que habita el vestido: una de las prendas más inmortales de la historia del cine, como revela su confección, se hizo con prisas.
El vestuario original para Diamonds Are a Girl’s Best Friend estaba concebido como un despampanante traje de vedette: negro, brillante y escandalosamente revelador, una exigua fantasía burlesque con pedrería y medias de rejilla. Entonces reaparecieron las fotografías de los desnudos que Marilyn Monroe había realizado para un calendario: años antes, cuando aún era Norma Jeane, había posado por 50 dólares porque necesitaba pagar el alquiler. Pero ahora, a comienzos de los años cincuenta, ya no era una modelo anónima, sino la deslumbrante apuesta de la Fox, impulsada por papeles cada vez más destacados en Eva al desnudo, La jungla de asfalto, Me siento rejuvenecer y Niágara. Los ejecutivos del estudio montaron en cólera.



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