El manido concepto ‘adelantada a su tiempo’ parece, sin embargo, bastante exacto para definir a Marisol Escobar (1930-2016), ya que exploró conceptos como la identidad, los roles de género, la sostenibilidad o la popularidad años antes de que formaran parte de nuestro vocabulario habitual. “Marisol es una figura apasionante por su contemporaneidad, porque abordó cuestiones que tienen que ver con la fama, la clasificación y el lenguaje cultural. Es alguien que en los años 60, antes de que muchas cosas se nombraran como tal –el feminismo, la ecología, el movimiento decolonial en las artes…–, ya estaba regurgitando todas esas ideas”, revela Laura Vallés Vílchez, comisaria de la muestra que acogerá desde mañana el Centro Botín, en Santander, en torno a la figura de la creadora.
Bajo el título MARISOL: Cuando todo está por comenzar. Dibujos de 1949 a 2016 (del 23 de mayo al 25 de octubre), la exposición busca poner el foco en sus dibujos, quizá uno de los pilares de su práctica menos explorados –pero más interesantes– hasta la fecha. Con más de 100 obras que abarcan desde los años cincuenta hasta su muerte, presentados junto con una selección de esculturas –que amplían su práctica del dibujo hacia lo tridimensional–, materiales del archivo de la artista y varias de las películas de Warhol en las que Marisol es protagonista, la muestra reivindica una carrera marcada por sus sucesivas entradas y salidas del escrutinio público.
Desde el punto de vista formal, la artista desarrolló una carrera fundamentalmente centrada en la escultura, y es especialmente conocida por sus obras figurativas de gran tamaño asociadas al Pop Art de los años 60. Pero su práctica fue mucho más allá y, en particular, el dibujo fue un territorio que se convirtió en un espejo de su trayectoria vital. “Los dibujos nos permiten ver a otra Marisol. Fue la disciplina que más desarrolló a lo largo de toda su vida y creo que es relevante porque nos permite contar una historia de desplazamientos. De hecho, la exposición está organizada en tres circulaciones que conectan con tres momentos clave de su vida, y si hay una constante en todos esos relatos es el dibujo. Hay numerosas entrevistas con ella en las que dice que no recuerda un momento en el que no haya dibujado y, al final de su vida (falleció de Alzheimer), esa memoria muscular fue la que le permitió abordar ese final de su práctica a través del dibujo, cuando ya no hacía esculturas. De ahí que hubiera algo hermoso a la hora de poner en valor esto, ya que nunca se había hecho hasta ahora”, confirma la experta.

Más historias
En esta boda en Roma, de estilo clásico y atemporal, la novia encarnó la más pura elegancia principesca
Los 8 hábitos diarios que están estropeando tu pelo sin que te des cuenta
Peinados con flequillo: ideas fáciles y tendencia para cualquier tipo de pelo