Portada del ensayo ‘La Venus del smartphone’, de Marita Alonso.carpenoctem
¿Consideras que el auge del ‘nuncore’ [estética monjil] y la creciente conversación sobre el celibato voluntario son, en parte, una respuesta a fenómenos como la McSexualización y la ‘hookup culture’, a los que aludes en el libro?
Lo que me preocupa es que hay quien le está poniendo al conservadurismo más rancio una máscara supuestamente feminista. No se me ocurre nada menos empoderador que tomar el discurso de la culpa y de la pureza cuando lo que se quiere decir es que tu cuerpo determina tu valor. Y no estéticamente solo, sino en el sentido de que lo que hagas o dejes de hacer con él determina tu valía. Pero sí es cierto que puedo comprender que haya quien se tome un respiro del sexo si tener relaciones sexuales hace que estas le atormenten después. Aunque nos han vendido que el sexo puede alejarse de las emociones, no siempre es tan fácil, y nos encontramos en tal precariedad generalizada que lo que nos faltaba es sumar a esta fórmula la precariedad afectiva… Personalmente, prefiero no fantasear con ansiolíticos a tener un orgasmo. Más que nada porque esto lo puedo conseguir sola y para los ansiolíticos, necesito receta.
En el ensayo pones el foco, entre otros aspectos, en la llamada ‘paradoja de la elección’. ¿En qué sentido puede resultar paralizante o desmotivador contar un número casi ilimitado de opciones a la hora de comprometerse con una?
Milan Kundera explica en La inmortalidad cómo cuando vemos dos caras distintas juntas, somos capaces de apreciar cada diferencia. Sin embargo, cuando la operación se repite con multitud de rostros, simplemente vemos una cara con variaciones. Y por eso, ante esa abundancia presente en las dating apps, no diferenciamos bien a las personas y por si fuera poco, cuando hacemos match, pensamos si hay alguien mejor pasados un par de swypes. Por eso Esther Perel habla de la “pérdida ambigua”, responsable de que por más que aquella persona a la que queremos esté presente, de muchas formas en realidad está absolutamente ausente.
¿Qué ocurre cuando se nos olvida que las apps de citas, tal como reconoció el cofundador de Tinder Sean Rad, muchas veces están concebidas como «un juego» o entretenimiento que, antes de ser útil, debe ser “divertido en sí mismo”? ¿Cuáles son las consecuencias de esa ‘gamificación’?
Hay quien hace un scroll infinito en las redes sociales y quien lo hace en las dating apps, porque tanto unas como las otras se han convertido en lugares en los que evadirnos. El problema es que ahí hay muchas personas que realmente buscan una relación, por lo que cuando para algunos es un juego y, para otros, la oportunidad de encontrar el amor, nos topamos con los Juegos Olímpicos de la Frustración.
En el texto aseguras que tienes dudas sobre si “el amor nos iguala a todos” [ricos y pobres], tal como te dijo en una entrevista la cineasta Celine Song. ¿Están más unidos de lo que a veces creemos el éxito sentimental y el estatus económico?
Un reciente estudio de la investigadora Silvia de Poli señala que el amor fomenta la desigualdad, pues los más adinerados en España son tres veces más proclives a emparejarse entre sí que si las parejas fueran formadas al azar. ¿Es más fácil para Jeff Bezos encontrar el amor que para tu vecino Paco a causa de su carisma, de su belleza o de su cartera? Yo creo que por lo tercero. Separar el dinero del amor es incluso delicado cuando se quiere construir una relación porque es importante hablar de la ambición de cada uno, de qué planes futuros tiene cada parte y de qué papel ocupa para cada persona el dinero en su vida.
¿Por qué crees que en ocasiones tiende a banalizarse o entenderse como un peaje necesario el acoso sexual que se da en el contexto de las apps de citas y cómo pueden mejorarse las dinámicas de seguridad?
Se necesitan más mujeres en los cimientos de estas aplicaciones, porque está demostrado que a muchos hombres les cuesta comprender que realmente hay casos preocupantes de acoso. Hemos llegado a normalizar que nos den una palmadita furtiva en el metro (afortunadamente, creo que ya no lo toleraríamos con tal impunidad, pero…) y la manera en la que hay hombres que ponen tal insistencia al ligar por ejemplo, en un bar, que esas conductas se reflejan en las apps. Considero esencial que no sea así y que las aplicaciones se pongan manos a la obra para cambiar las cosas. Como en todas las empresas del mundo, es fundamental que en los puestos de poder haya diversidad. Y por ende, mujeres, personas racializadas, de la comunidad LGTBIQA+… Si siempre mandan señores heterosexuales blancos cisgénero acorbatados, o con una sudadera que creen que les hace cool cuando, sencillamente, siguen siendo unos retrógrados con capucha, las cosas no van a cambiar.
También recoges las declaraciones de Helen Fisher que relativizan todo este seísmo tecnológico. La antropóloga viene a decir que lo que cambia es “la forma en que ponemos en marcha el cortejo”, más que el cortejo en sí mismo. ¿Estamos ante un nuevo paradigma romántico o solo ante un escenario más amplio, frenético e hiperconectado?
Creo que lo interesante es que realmente, buscar pareja ahora, de la mano de estas aplicaciones, es algo que se practica en el ámbito doméstico, en una esfera social diferente. Esto trae consigo cosas positivas pero también puede sacar lo peor de según quien. Porque del mismo modo que hay quien se comporta como un auténtico troll en redes, hay quienes piensan que en estas aplicaciones, al no haber testigos, pueden ser auténticas ratas de dos patas. Sin embargo, considero que las aplicaciones son una herramienta maravillosa y prueba de ello es la cantidad de personas que han encontrado el amor gracias a ellas. ¿El amor está ahí fuera? Para responder, yo lo sigo buscando…
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