Durante demasiado tiempo, el adjetivo predecible se ha utilizado de manera despectiva en la industria. El público, siempre deseoso de novedad y sorpresa, encontraba en esa repetición algo que coqueteaba demasiado en serio con otro término mucho más temido: el aburrimiento. Y pese a todo, en 2024 llegó Matthieu Blazy quien, con el imponente archivo de Chanel bajo el brazo, lleva dos años recordándonos que lo predecible también puede ser lo más apetecible. Lo más coherente. O, como en general se ha definido a su trabajo en los pasillos de la moda desde entonces: simplemente, lo más.
El último show de Chanel, celebrado esta tarde en Biarritz, ha tenido mucho de predecible. El enclave, sin ir más lejos, ha apostado por un lugar especialmente relevante para la mismísima Coco. Allí, a orillas del Cantábrico, la diseñadora abrió en 1915 su casa de costura. Más de un siglo más tarde, Blazy ha tomado ese mismo telón de fondo para mostrar su primera colección Crucero.

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