A principios de esta semana, la moda sucia fue la protagonista del desfile de moda masculina de otoño-invierno 2026/2027 de Prada, celebrado en Milán. En efecto, vimos camisas manchadas en la pasarela. No fue un accidente, por supuesto: los diseñadores, Miuccia Prada y Raf Simons, presentaron camisas de vestir ensuciadas a propósito, los puños y los cuellos salpicados con ingeniosos lamparones y churretes.
¿Por qué una casa de moda como Prada querría que sus prendas parecieran desgastadas? «Construidas sobre las huellas de la tradición, las piezas se componen con elementos familiares transformados a través de un cuestionamiento de las convenciones«, rezan las notas oficiales del desfile de la colección. Una prenda de pasarela con un aspecto menos perfecto ya desafía las convenciones, pero sacar camisas harapientas servía a un objetivo concreto: compensar la elegancia de los trajes y abrigos con los que se combinaban, haciéndolas parecer un poco más auténticas, vividas y, francamente, reales.
Aunque es una elección estética polémica crear prendas tan estratégicamente mugrientas, lo cierto es que resulta muy oportuno para el momento actual. El actual clima medioambiental, económico y político es, desde luego, difícil en muchos aspectos, por lo que cualquier propuesta de moda que peque de exquisita en este panorama corre el riesgo de parecer sorda, valga la palabra. Al fin y al cabo, los diseñadores tienen que crear piezas que reflejen el mundo en que vivimos, y las cosas en 2026 están… lejos de ser ideales. Muy lejos.
Por supuesto, no es la primera vez que un diseñador de moda juega sucio. A lo largo de los años, la moda ha estado bastante obsesionada con coger prendas básicas de fondo de armario, como unas zapatillas blancas o un jersey de cuello redondo, y darles una pátina de inmundicia. Es una forma llamativa de desmitificar el mundo de la moda de lujo, eso está claro.
En la temporada de verano de 2018, por ejemplo, Gucci causó revuelo cuando mostró unas zapatillas blancas que parecían haber atajado por un sendero polvoriento: modelos lujosos cubiertos de un efecto gris sucio. Marcas como Golden Goose siguen vendiendo modelos similares, redoblando la idea de que lo desgastado puede ser chic.
Los bolsos de lujo han recibido tratamientos similares. En la primavera de 2014, Chanel –durante la era de Karl Lagerfeld– lanzó una colección de bolsos y mochilas sucios y con grafitis (algunos de los cuales cuestan ahora más de 12.000 euros). Más recientemente, para el otoño de 2022, el Balenciaga de Demna presentó bolsos de piel con aspecto de bolsas de basura, y también bolsos de mano de piel con forma de bolsas de patatas arrugadas. La basura de uno es el tesoro de otro.
Los vaqueros rotos y las prendas de punto deshilachadas también han tenido su momento en la pasarela. Ya en la primavera de 1998, Helmut Lang mostró una serie de prendas en denim salpicadas de pintura que muchos siguen replicando a menudo hoy en día (como cuando Raf Simons colaboró con el artista Sterling Ruby en unos vaqueros lavados al ácido para el otoño de 2014). Durante la temporada de otoño de 2016, Rick Owens presentó jerséis de punto con un detalle chorreante que rezumaba del cuello, como si alguien hubiese arrojado encima un bote entero de pintura.
No hay duda de que este enfoque ha sido una tendencia recurrente en las pasarelas, un modo de despojar a los artículos de su elitismo y hacer que parezcan un poco menos preciosos. Pero dado que el precio de este tipo de prendas no refleja realmente que estén estropeadas –de hecho, la moda sucia puede ser incluso más cara que la normal, ya que se ha empleado mucho tiempo y esfuerzo para que las piezas parezcan tan desaliñadas–, la pregunta es: ¿la gente las lleva de verdad por la calle? ¿O se trata solo de una novedad de pasarela?






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