26/06/2026

Molly Roden Winter, sobre su matrimonio abierto: “Iniciar esta senda sexual siendo madre de dos niños es lo más tabú que puedes hacer”

Y esa dificultad de la que habla queda estupendamente bien retratada en la narración. Molly tiene que enfrentarse a los celos, las dudas constantes en relación al camino que ha tomado, la vergüenza, la culpa, la decepción romántica e, incluso, a la toxicidad y las prácticas sexuales más que cuestionables por parte de algunos de sus amantes. “Ha sido muy, muy caótico. Y quería ser muy sincera a la hora de hablar de ese caos, porque creo que así es la vida. La experiencia humana no es una alegría creciente todo el rato (risas). Sencillamente, no funciona así. La vida tiene altos y bajos, y los bajos son importantes a la hora de darte visibilidad sobre tus propios sentimientos. No me arrepiento de nada. Ni de las malas relaciones ni de los chicos tóxicos, porque me han hecho aprender muchas cosas. De hecho, creo que estaba escogiendo a esos chicos debido a mi baja autoestima. Y, si ni yo misma me estoy valorando como debo, no voy a encontrar a nadie que lo haga. Tiene que venir primero de mí”.

Ahora, cuenta, tiene otros vínculos amorosos al margen del que mantiene con su marido desde hace 26 años. En todas esas relaciones se siente muy valorada. “Los hombres actuales en mi vida me tratan realmente bien. Llegados a este punto, me siento increíble. La ironía es que he conseguido esa apreciación externa una vez que he dejado de necesitarla tanto”, sentencia.

Roden interpreta, de nuevo, esta evolución de un matrimonio abierto a uno poliamoroso en clave de aprendizaje personal. “Para mí, el poliamor es una especie de nivel superior, lo cual no quiere decir que sea mejor que la relación abierta. En nuestro caso, consiste en darnos esa libertad total que no nos estábamos dando al principio. Durante años, todas las normas que nos imponíamos desembocaban realmente en una sola: no te enamores de otra persona. Sin embargo, ahora, para mí ese es el verdadero objetivo de todo esto. El objetivo de la vida es amar y ser amado. A la gente le resulta imposible imaginar que yo deje que mi marido se enamore de otras mujeres, pero es solo hasta que te das cuenta de que el amor es infinito. Su amor por otra persona no le resta nada a su amor por mí”, ahonda.

En la actualidad, insiste, solo tienen una norma: pueden hacer todo lo que quieran, pero si uno de los dos tiene sentimientos encontrados al respecto, el otro tiene que ayudarle a procesarlos y no ponerse a la defensiva. “Por ejemplo, yo estoy a punto de irme de viaje con un amante con el que he estado cinco años. Stewart me dejaría irme en cualquier caso, porque no existe entre nosotros esa idea de dar permiso, pero, aun así, me preocupo por cómo se está sintiendo él al respecto. Le pregunto si se sigue encontrando cómodo con la idea a medida que se acerca más y más la fecha”, revela.

Ver fuente