Ni corrector, ni iluminador: el producto de maquillaje de los 90 con el que refresco la base de maquillaje cada tarde
Uso base de maquillaje a diario. Diría que desde los 16 años podría contar con los dedos de las manos los días que no la he utilizado. Sí, incluso para estar en casa, suelo recurrir a ella, de manera minimalista y en muy pequeña cantidad. Me hace sentir bien. Unos toquecitos en algunas zonas puntuales del rostro me cambian bastante el día unos toquecitos en algunas zonas puntuales del rostro. Como dijo el maquillador Paul Starr, el maquillaje puede ser terapéutico. Todo depende de cada persona porque en el maquillaje la mejor regla es que no hay reglas. Pero en mi caso un poquito de base tiene la capacidad de cambiarme el estado de ánimo. Así que con estos antecedentes, podría autodenominarme, sin parecer atrevida, alumna aventajada en estas lides. Conozco muchas bases, me sé al dedillo la mejor forma de aplicarlas según el resultado que quiera obtener, tengo mi particular ranking de las mejores… pero todavía no había conseguido encontrar la manera perfecta de refrescarla a media tarde, justo cuando el devenir de las horas –con todo lo que eso implica– hace que ese maquillaje natural y glow que consigo cuando aplico la base con tiempo y cariño pierda frescura. Como dice Sam Visser, maquillador global de YSL Beauty, hacer un buen maquillaje de alfombra roja puede llevar hasta dos horas ya que es lo más parecido a pintar un cuadro (y difuminar y difuminar con una brocha limpia para que quede natural). Y aunque obviamente yo no puedo tardar eso cada mañana, es cierto que los buenos resultados tras haber aplicado la base con mimo suelen esfumarse con el paso de las horas.
Hasta ahora recurriría a corrector e iluminador, saturando ligeramente la piel que ya estaba maquillada. Hasta que Sergio Antón de las Nieves, National Makeup Artist de YSL Beauty, me descubrió la mejor manera de usar un producto mítico de maquillaje de los 90. Sí, Touche Éclat de YSL, ese híbrido entre corrector e iluminador que nació en 1992 con el objetivo de dar luz a la piel y que, ahora, más de 30 años después, sigue siendo un bestseller y un producto muy comentado (a las miles de reviews en la red nos remitimos).
Yo siempre lo había aplicado en las ojeras, creyendo que era el recurso para darle luz a la mirada, pero tal y como apunta el experto, es preferible evitar su aplicación en las ojeras (ya que las iluminaría más, y no es el objetivo) y decantarse por ponerlo en el arco de la ceja, al lado de las aletas de nariz y un toque en el mentón. Y si lo que se quiere es dar cierto volumen óptico a los labios, nada mejor que aplicarlo en las comisuras. De esta manera, se consigue refrescar el maquillaje a media tarde sin necesidad de tener que recurrir al ritual completo.
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