Los caminos de Olivia Delcán y Nacho Sánchez se cruzaron hace una década y después se han encontrado en más de una ocasión. Ahora dirigen a cuatro manos este cortometraje, tras coincidir, además, como protagonistas de otro, El cuento de una noche de verano, de María Herrera. “No es nada fácil. Tuvimos seis días de rodaje y a partir del cuarto encontramos la manera de hacerlo. La peli que estoy levantando sí la quiero dirigir sola, pero para esta quería otro modo. Nacho y yo necesitábamos estar en el mismo territorio, no tener más poder una que la otra”, reflexiona la actriz. “Si vamos a jugar a contar la historia de una pareja que tiene los problemas que podríamos tener nosotras y que está rodando un corto, no tiene sentido que yo lo dirija y tú estés en un rol más pasivo, de actor y obediente. Fue muy complicado porque tienes que hablarlo todo. Cada cosa hay que ponerla en común. Hasta que no entendamos las dos lo que nos dices, no avanzamos. Eso te retrasa y tienes que contar con tiempo”.
En una industria que tiende cada vez más a la uniformidad, son muchos los actrices, directoras o escritoras que pelean por sacar adelante proyectos que salen de lo previsible en los circuitos alternativos. Una respuesta a una necesidad. “Somos una generación muy emprendedora. Los millennial, a los que se nos ha tachado de muchas cosas, nos hemos comido ya varias crisis. Ha sido jodido. Mi carrera es como una montaña rusa. Tengo que espabilar. Todo el rato se está alerta y esa incertidumbre se vuelve parte de tu vida. Más te vale ponerte las pilas aunque no sepas qué vas a hacer al año que viene”, cuenta Delcán. “No se puede esperar a que llegue el trabajo porque muchas veces no llega. Esta profesión es muy jodida. Si estás esperando a que te llamen, a no ser que seas una de las cuatro personas de siempre, no ocurre”.
“También creo que existe una necesidad de permanecer unidas ante la incertidumbre de un futuro cada vez más oscuro: desastres naturales, un genocidio salvaje, el auge de la extrema derecha… Todo nos está afectando mucho más de lo que pensamos. O te quedas inmóvil y el horror te pasa por encima, o te mueves. Creo que el arte es una herramienta muy valiosa en estos momentos. Yo me refugio mucho en mi profesión para generar ese movimiento. Pienso que hay una necesidad generacional de juntarse y narrar nuestras historias para no hundirnos”, continúa Delcán. “Nuestros referentes han cambiado. Yo no dirigía porque no conocía a mujeres que lo hiciesen. Cuando empecé a escribir, todavía no había visto el cine de Agnès Varda o Chantal Akerman; nadie me habló de ellas hasta más tarde. Creo que, para mí, la serie Girls, de Lena Dunham, fue un punto de inflexión en mi vida. Era muy fresco ver a una tía joven hablar de su vida y de la de sus amigas, y saber que lo había escrito ella”.

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