04/07/2026

Paz López, filósofa: “No basta con nacer para estar vivo. Se requieren un montón de esfuerzos y creatividad”

Cuando terminó de escribir el libro, Paz López (Santiago, 1981) echó la vista atrás sobre sus palabras y fue consciente, quizá por por primera vez, de que entre sus páginas había congregado a una serie de figuras de la ‘intelectualidad pop’ –de Pasolini y Plath a Nick Cave, pasando por Natalia Ginzburg y Francesca Woodman– que compartían entre sí un curioso rasgo. “Vi que todos estos personajes que pueblan el ensayo estaban muy atravesados por el dolor, por el sufrimiento; son personas a las que la vida se les apareció como una bestia negra pero que, en vez de endurecerse, se agrietaron. Me gusta esa imagen del ‘agrietarse’ para poder vaciarse de sí mismo y ser afectado por las cosas del mundo”, introduce la autora sobre el ensayo en cuestión, Pánico y ternura (Lumen), un texto que aterrizó en España el pasado 4 de junio, después de su publicación original en Chile en torno a un año antes, donde el volumen ha gozado de una espléndida acogida.

Menos de 150 páginas le sirven a esta filósofa, doctora en Estética y Teoría del Arte y académica de la Universidad de Chile, para abordar, desde muy variados enfoques, la potencia de la ternura como herramienta para reconciliar al sujeto con la vida. O, en una de sus múltiples definiciones, como “una fuerza para poder imaginar a los otros de manera diferente, algo que no tiene nada que ver con leerlos como objetos de odio o sujetos que vienen a interrumpir mi propia realización”.

Aunque es corto y accesible, este ensayo invita al lector a pararse a reflexionar al final de cada capítulo y paladear bien las ideas. ¿Hay algo un poco suicida en obligar a la lentitud en este paisaje de falsas urgencias que habitamos?

El ensayismo es una forma de escritura que no es completamente narrativa, ni es completamente filosófica. Y en ese juego hay algo que siempre me parece muy interesante, porque es una escritura que avanza contra las arrogancias del conocimiento que se presenta como totalizador o sistemático. Implica un trabajo de ir esquivando ciertas palabras que se convierten en una suerte de atajo, para decir a veces lo que uno piensa, que es el lenguaje que a veces usamos más en las redes sociales para poder ir directos al grano. En cambio, el ensayo requiere de una paciencia y de un tiempo de trabajo con las palabras. Como si uno estuviera amasando algo. Y, en ese sentido, la escritura que me interesaba pensar se tenía que ir componiendo afectivamente con el tema que tenía entre manos: si la ternura tiene que ver con suspender por un instante este tiempo enloquecido y brutal del mundo, hay algo en la escritura que quizá no sale indemne de esa idea.

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