Si hay un aporte de diseño que siempre se reseña en Piccioli, es su sabiduría del color. El italiano maneja la gama cromática como pocos: en su era en Valentino se dieron la mano las combinaciones más vibrantes, y en este aspecto ha conseguido dar una vuelta de tuerca al uso que se hizo de sus predecesores. Hablamos de las alianzas en blanco y negro, el fucsia o el púrpura, tomados directamente de la indumentaria religiosa. Pero también esas combinaciones de púrpura con lima, del beige con el turquesa, como solo podría hacer el propio italiano.
Otra de sus mayores (y celebradas) aportaciones es reconocer la labor del taller haciéndole salir a saludar:“Estoy muy feliz y satisfecho porque sabemos que al llegar a una nueva firma, es necesario aprender y conocer a las personas para establecer cierto tipo de relación, porque de eso se trata la alta costura«; ha declarado Piccioli. “Para mí, es el factor humano el que hace un desfile. Tienes que conocerlo para emplear las habilidades adecuadas y las manos precisas. La forma de pensar idónea”.

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