28/06/2026

¿Pones poco foco en el lucimiento personal y más interés en hacer que todo funcione? Quizá eres una superfacilitadora (y es muy bueno)

Superfacilitadora: la figura que convierte visión en acción

Seguro que tú también conoces –puede que hasta lo seas– a una superfacilitadora. Esa persona que logra que una reunión avance cuando las ideas se dispersan, que convierte la visión en acción, que no busca protagonismo, pero sin ella nunca se alcanza el consenso. Una líder que huye de autoritarismo y, por el contrario, consigue crear el entorno adecuado para que cada uno encuentre su lugar.

Seguro que tú también has visto –puede que hasta lo sufras– cómo ese talento ha pasado desapercibido o, en el peor de los casos, ha sido eclipsado por el mito del genio solitario: hipervisible, carismático, incontestado. Un modelo, glorificado en los medios de comunicación, los organigramas empresariales y los discursos corporativos, que celebra la brillantez individual como sinónimo de éxito.

A día de hoy, gracias al reciente artículo Every Team Needs a Super-Facilitator del profesor de Psicología de Stanford Jamil Zaki, publicado en Harvard Business Review, no solo podemos poner nombre a este perfil que no es tan novedoso, pero al que no se le ha prestado la suficiente atención, sino que somos capaces de identificarlo al instante: “Compañeros de equipo que hacen que todos los que los rodean sean mejores, combinando las fortalezas únicas de cada miembro en una especie de superorganismo cognitivo que logra lo que nadie podría hacer solo”.

No es la voz que más habla ni la que acumula méritos. Es aquella que integra experiencias diversas, fomenta la igualdad y construye confianza. Un rol que está transformando la forma de entender el liderazgo moderno: más colaborativo, menos jerárquico y basado en la inteligencia colectiva, esa que sostiene que la eficacia de un grupo no depende de los coeficientes individuales, sino de su capacidad de escucha, sensibilidad social y distribución equitativa de la palabra. Zaki recurre a un ejemplo deportivo para ilustrarlo: el llamado efecto Chris Paul, el base de la NBA que eleva el rendimiento de sus equipos no por anotar más puntos, sino por repartir mejor el juego. Trasladado al ámbito laboral, el impacto es análogo: menos foco en el lucimiento personal y más interés en hacer que todo funcione.

La empatía estratégica

En la última década, la empatía ha dejado de considerarse únicamente una habilidad blanda para entenderse como una competencia medible, entrenable y directamente vinculada a la eficacia organizacional. No hablamos solo de emociones –conectar con el sentir del otro–, sino de estrategia: la capacidad de comprender los estados de ánimo, las perspectivas y motivaciones ajenas para tomar decisiones más inteligentes, inclusivas y sostenibles. La investigación científica confirma que, al estar influida por factores culturales y situacionales, puede desarrollarse a través de la práctica, las dinámicas organizativas y la calidad de las relaciones.

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