20/05/2026

¿Por qué la delgadez y el envejecimiento nos siguen obsesionando a las mujeres?

Delgadez y envejecimiento. ¿Por qué a las mujeres nos siguen obsesionando?

Hablamos más que nunca de longevidad, del privilegio de envejecer, de que el paso del tiempo no nos va a ocasionar ansiedad, de que no hay cánones de belleza… Hemos desterrado la palabra dieta como filosofía restrictiva de alimentación; no queremos volver a hablar de antiaging porque nos sitúa en un punto negativo ante un proceso totalmente natural (y maravilloso). Cuestionamos más que nunca que se le pregunte a una mujer si le preocupa envejecer. Algo que no ocurría antes, recordemos esta entrevista en la televisión francesa a Brigitte Bardot a quien, sin haber cumplido los 40, se le preguntaba por ello bajo un prisma poco amable (y a lo que respondía rotunda: “No voy a sentir ansiedad por ello porque sería horrible”).

Sin embargo, esos esfuerzos por cambiar la conversación no están permeando todo lo que nos gustaría. Como periodista que escribe de belleza, salud y bienestar a diario, creía que estaba aportando mi granito de arena a este cambio de paradigma; que trabajar en otros puntos de vista para abandonar esa conversación que en los años 90 intuía la belleza como algo un tanto esclavo –crecí escuchando términos como 90-60-90, operación bikini y dieta de la piña–, estaba valiendo para algo. Que mis hijas crecerían experimentando una relación más sana con su cuerpo de la que viví yo (y muchas de mis coetáneas). Que las mujeres no sentiríamos presión por envejecer; que no nos empeñaríamos en disimular el paso de los años a toda costa. Que querer verse rejuvenecida puede ser una cosa, pero buscar una piel libre de arrugas o un cuerpo delgado que no responde a la realidad biológica no serían una prioridad. Pero el caso es que esa idea de querer vernos delgadas y jóvenes sigue estando ahí. De alguna manera lo buscamos. A veces desde una posición amable que antepone la salud y el bienestar físico y mental por encima de todo. Pero otras tantas –más de las deseadas por lo que se está viendo en los últimos meses en las alfombras rojas, y en la vida real– sigue siendo un mantra. Una obsesión. Un ideal a alcanzar que nos lleva a no escuchar la conversación actual.

La presión social por seguir pareciendo jóvenes

Recientemente Lancôme, durante su presentación internacional de su nueva línea de tratamiento con foco en longevidad, mostró datos sobre la presión que seguimos sintiendo las mujeres por parecer jóvenes. Un miedo que sobrevuela al 43% de las féminas y que alcanza su punto álgido entre los 26 y 35 años (y se mantiene entre los 36 y 45). Según estas estadísticas, el país en el que se vive también marca (por ejemplo, en China esa presión afecta a un 76% de las mujeres, en Estados Unidos a un 48 y en Japón a un 17). Además de los datos, lo más preocupante es que cada día hay más imágenes que vemos a diario que confirman que, si bien el discurso es uno, la realidad, con cuerpos extremadamente delgados y rostros retocados hasta el extremo, es otra bien distinta.

Antropológicamente esta búsqueda incesante de la perfección ha existido siempre. “El hombre nunca ha estado satisfecho con su cuerpo”, afirmaba a esta cabecera en 2023 Elisabeth Azoulay, directora editorial de la colección 100.0000 años de belleza (Ed. Gallimard) y especialista en la relación entre la especie humana y la obsesión por la búsqueda de la belleza a lo largo de la historia. Pero el contexto psicosocial que vivimos acentúa muchísimo esta presión por alcanzar ideales que nunca son suficientes. Hay muchos motivos al respecto, pero uno de los más importantes, tal y como nos confirma la psicóloga Deborah Murcia, “es el refuerzo social que se hace a nivel verbal cuando una mujer hace el llamado glow up, que no deja de ser otra manera de referirse a una pérdida de peso. En esos casos se suele decir términos como que ‘está increíble” y eso refuerza la idea de asociar la delgadez con estatus precisamente porque es lo que estamos viendo en modelos, actrices, cantantes… Las personas que lo vean, por tanto, conectan esa delgadez con la idea de que van a conseguir más fama y estatus. Es una bola que se va agrandando”, explica la autora del libro No soy yo, eres tú (Grijalbo).

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