24/06/2026

Relacion toxica: cómo superar sus secuelas invisibles

Relación tóxica: por qué deja secuelas invisibles y dificulta los nuevos vínculos

Nunca pensé que algo así pudiera pasarme, pero desde entonces soy muy consciente de que somos más susceptibles de lo que pensamos a caer en una relación tóxica, de abuso. En mi caso fue psicológico, y coincidió con un momento vital complicado: un duelo, un divorcio y una mudanza. Era, como dicen, carne de cañón. Estaba tan vulnerable que fue fácil creer en la primera persona que se acercó mostrando interés y dejándome ver su cara más amable. Cuando las cosas empezaron a ponerse feas, gran parte de mi entorno no podía entender por qué no me alejaba. Yo tampoco.

El tiempo y la terapia lo cura todo. Bendita terapia. Aunque me costó años poner en perspectiva lo vivido y pasar página por completo. Aburrimiento, falta de conexión, dudas, miedo y una autoestima destrozada me impedían entablar nuevos vínculos, y me sentía literalmente rota —en el sentido de defectuosa—, al tiempo que perpetuaba cierta idealización en aquella relación tóxica: “Jamás volveré a sentir eso”, pensaba.

Cuando conocí a Andrea Vicente, psicóloga experta en relaciones de pareja, supe que necesitaba hablar del tema. Yo no era la única que se había sentido así. Lo primero que me dijo es que iniciamos estos vínculos eligiendo a la versión idealizada que el otro muestra, la cual suele ser impecable: “Atenta, presente, validante. Te hace sentir vista de una forma que quizá llevabas años sin sentir”. Después, dice, empiezan las primeras denigraciones sutiles, que son las más peligrosas porque no parecen agresiones. “Frases como: ‘a veces te tomas todo demasiado a pecho, ‘ojalá fueras un poco más tranquila’. Cosas pequeñas que te dejan dudando, pero no rompen nada. Y justo cuando notas que algo se descoloca, vuelve la parte encantadora”.

Reconozco ese refuerzo intermitente que, según me explica Vicente, es lo que realmente engancha. “El cerebro aprende que, tras la tensión, llega una recompensa emocional muy intensa. Y empiezas a vivir pendiente de que vuelva ese momento. No te enganchas al daño, sino a la promesa de recuperar la versión del principio”. Me confirma que no rechazamos estas relaciones desde el inicio, porque cuando las señales aparecen aún estamos atadas al recuerdo de aquello que al principio parecía amor seguro.

A todo esto se le añaden las heridas que traigamos de serie: miedo al abandono, baja autoestima, necesidad de validación, estilos de apego, etc. “Lo que nos hace más susceptibles a tolerar comportamientos que dañan nuestro bienestar. Y esto no tiene nada que ver con la debilidad, es neurobiología, aprendizaje emocional, relacional, patrones y pura supervivencia”, me aclara Violeta Acedo, psicóloga y criminóloga.

Esto sucede en el cerebro cuando tienes una relación tóxica

Vicente subraya que, cuando tenemos un vínculo de este tipo, nuestro cerebro empieza a adaptarse a algo muy poco funcional, lo que implica que ciertas sustancias se segreguen más de lo que deberían. “Esto cambia la forma en la que sentimos, en la que interpretamos lo que pasa y en la que nos vinculamos”.



Ver fuente