Las frenéticas vidas que llevamos hacen que las oportunidades para frenar y reconsiderar nuestros hábitos diarios –y su influencia en nuestra manera de procesar, sentir y funcionar– sean cada vez más escasas. Pero merece la pena pararse una momento a pensar cómo nuestra relación con la tecnología, la comida, el ejercicio y el sueño puede estar afectando a nuestra salud cerebral.
El Departamento Nuffield de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Oxford publicó un estudio en el que señalaba 15 factores de riesgo de deterioro cognitivo, concluyendo que la diabetes, la contaminación atmosférica relacionada con el tráfico y el consumo de alcohol eran los más perjudiciales en relación con el envejecimiento cerebral. Cada uno de los factores de riesgo citados era modificable, lo que significa que pueden mitigarse con el tiempo si se abordan adecuadamente.
A continuación, la Dra. Aileen Alexander, médica especialista en estilo de vida, comparte cinco hábitos comunes que pueden afectar negativamente a la salud cerebral, y qué hacer en su lugar.
1. Tiempo excesivo frente a la pantalla
En 2024, la Oxford University Press eligió «brainrot» (esa sensación de ‘cerebro podrido’ por la saturación de contenidos) como palabra del año, un reflejo de cuánto tiempo pasamos desplazándonos por la pantalla. «Lo difícil es que, hoy en día, las redes sociales ya no son para socializar», dice Alexander. «Los rápidos subidones de dopamina que obtenemos de las redes sociales afectan a nuestras vías de recompensa, lo que nos dificulta aún más concentrarnos en tareas más lentas y significativas».
El cerebro está constantemente bajo presión cuando estamos «activados» todo el tiempo. La multitarea sin pausas de calidad fragmenta nuestra capacidad de atención y aumenta la fatiga cognitiva. Esto, según Alexander, cansa nuestro cerebro a un ritmo más rápido, debido a la sobreestimulación.
Establecer límites personales en torno al uso del teléfono es esencial. «Personalmente, apago el móvil durante los periodos de inactividad y lo guardo en un cajón«, dice Alexander. «Me siento mucho mejor cuando pongo esto en práctica, en comparación con cuando no lo hago».
2. Una carga de trabajo desmesurada
Un entorno de trabajo intenso puede afectar a la salud de nuestro cerebro, pero por otro lado, no tener suficientes retos también puede afectar a su funcionamiento. Según Alexander, hay que encontrar un equilibrio en el que los retos a los que nos sometemos profesionalmente no se conviertan en una fuente exagerada de estrés ni se filtren a otras áreas de nuestra vida.
Desde el punto de vista fisiológico, el estrés crónico derivado de entornos laborales exigentes puede aumentar nuestros niveles de cortisol. «Esto puede deteriorar nuestra memoria, reducir nuestra capacidad para gestionar las emociones de forma eficaz e incluso reducir la resiliencia», afirma. «El cortisol ejerce presión sobre el cuerpo y los niveles altos de cortisol también pueden conducir a comer en exceso, aumento de peso, aumento de la presión arterial y, en casos extremos, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares».
Los estudios han demostrado que, de hecho, somos mucho más productivos cuando permitimos que nuestro cuerpo descanse. A Alexander le gusta utilizar la analogía de los coches de Fórmula Uno. «Cuando los coches corren por las pistas, necesitan repostar: el cuerpo humano no es diferente».

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