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Por otro lado disfrutar del cuerpo tiene que ver con desafiar la lógica capitalista.
Muchas veces, un cuerpo cuando está disfrutando fuera de la norma o cuando no se está corrigiendo para encajar con un ideal es percibido como un cuerpo abyecto. La verdadera desobediencia se abyecta, ¿no? Y se ha abyectado a través de mecanismos de ideologización que determinan cómo tienen que ser los cuerpos. Ahora con la liberación horrorosa de los Epstein Files, estamos entendiendo qué clase de personas lideraban las empresas y ostentaban el poder desde el cual se construían esos ideales corporales infantiles que luego hemos asimilado. Esos hombres estaban lanzando unas imágenes de cómo tenían que ser las mujeres que estaban completamente vinculadas a articulaciones necropolíticas (tomando prestado el término de Achille Mbembe) del poder y del deseo. Es muy fuerte cuando reconoces que tu subjetividad, tu voz mental está determinada por esas voces patriarcales. Es verdaderamente un atentado contra la alegría, contra el devenir alegre del cuerpo. Castigamos con tristeza el cuerpo alegre, nos prohibimos el acceso a las cosas que nos sientan bien, y cuando dejamos de llevar a cabo las acciones disciplinares de la imagen corporal (depilarnos, teñirnos, controlar el peso o las arrugas), tenemos también miedo al castigo social, a dejar de ser bienvenidas en los sitios, a dejar de ser amadas, a dejar de ser deseadas. Es como si de nuestra imagen dependiera nuestro acceso a la dulzura. Cuando si lo pensamos, en realidad dejamos de acceder al placer y a la dulzura precisamente debido a estas actividades disciplinares obsesivas.
También dices que la fantasía sexual no es transgresora por su relato casi paródico sino por su posibilidad escapada y transgresión de un límite.
Nos hemos referido muchas veces a la fantasía como esa imagen mental transgresora que suena a algo completamente fuera de lo normativo o de lo público, como un secreto experimental y distinto, cuando en realidad son estructuras narrativas con una tendencia repetitiva. Lo que yo quería señalar era que la fantasía sexual o la imaginación de lo sexual es un lugar colectivo y cultural, en parte convencional. Y también es interesante ver las tensiones que atraviesan esas fantasías: desde las disidencias lo que se hace generalmente no es olvidar las fantasías normativas sino estrangularlas, retorcerlas, ponerlas en juego y, al ponerlas en juego, la repetición genera diferencia.
¿Y cómo se crean esas imágenes disidentes?
Yo creo que se generan en la práctica alegre de la diferencia. Lo bonito no es solamente representar otras imágenes sino atrevernos a que exista primero la práctica y luego la imagen. Ser capaces de practicar distinto y luego atrevernos a representar. Porque hay muchas cosas que ocurren que nunca llegan a la representación. Todo lo que falla frente al guión, todo el error, el tanteo, lo que no ocurre. Todas las veces en que los cuerpos no consiguen hacer, o no desean reproducir, esa ridícula escena “perfecta” que vemos en todas las películas donde dos personas entran corriendo por un pasillo y se desnudan, y alguien sube en brazos a otra persona…
Si no lo representamos, luego no podemos pensarlo.
Sobre todo no podemos relacionarnos con ello como una cosa deseable. Entonces a mí me interesaría muchísimo ver otro tipo de escenas de lo sexual que no tengan que ver con el momento en el que el león macho se sube encima de la hembra. Es la imagen a la que ha sido asociada el deseo desde la infancia. No pudiste no verla, es una especie de sello que te queda impregnado y al final resulta inevitable citar la norma, pero lo interesante es entender que son citaciones y que con ellas no estamos tocando algo así como “la verdad”.
A través de estas imágenes de los animales, se decide qué partes del cuerpo existen, cuáles están sexualizadas, cuáles merecen atención, cuáles son las correctas.
Sí, hay algo de cómo asimilamos el cuerpo, como si fuese una serie de órganos que tienen una función y un destino. Cada parte del cuerpo tiene una función, sea sexual o productiva o reproductiva o social, pero está racionalizada. De forma que el cuerpo no se experimenta como un lugar de conexión de sensibilidad y de disponibilidad a posibles inimaginados, sino que se experimenta como si fuese una especie de fábrica que está trabajando a favor de una ideología. Cada parte del cuerpo está trabajando orientada a una ideología, a un encaje con una norma. Hay una regulación de todo lo corporal y una racionalización con una razón patriarcal.
El cuerpo lésbico, en un momento determinado, se pregunta, ¿existo o no existo?
Yo creo que es una duda que permanece siempre, es una duda muy extraña, porque es una pregunta sobre la realidad de la propia vida. Es como… ¿Pero será real? O sea, ¿será verdad que yo soy así? ¿Puede ser verdad lo que traigo al mundo? Porque has crecido en un contexto donde no existía nada parecido a eso, ni había un lugar social para eso.
Cuando encajas y formas parte de algo, parece que todo tiene sentido…
Cuando no tienes un reconocimiento por tu diferencia, el estar desencajada te hace dudar de que el sentido exista. Y por eso muchas veces hay muchos cuerpos disidentes cuyas vidas están más en riesgo porque, además de la violencia material, la experiencia de falta de sentido está más cercana. Al final no dejamos de ser animales de manada. El sentido se está negociando en conjunto. Si nadie reconoce el relato que tú propones o nadie participa de un relato contigo, la sensación de falta de sentido puede ser total.
Hablas de que la dulzura y la sensibilidad tienen que estar también fuera de lo íntimo y que deben ser lo que vehicule el mundo un poco, pero eso es de alguna manera salirse del sistema.
Estamos en un momento socioeconómico donde le interesa a muchísimas fuerzas económicas captar nuestras sensibilidades y nuestra atención. El cuerpo puede quedar completamente neutralizado, porque está poniendo su atención y su sensibilidad en procesos que no nos incumben, porque son procesos que generan beneficios en otro lugar, en el lugar de los tecnócratas y los especuladores, no en la propia vida.
Cuando pensamos hoy en el disfrute, la inercia psíquica es pensar en un modelo de disfrute que ha sido organizado por el sistema capitalista. Es decir, pensamos en la satisfacción a través del consumo. Pero necesitamos poder reclamar formas de entender el placer y la alegría que no estén vinculadas a intercambio de capital, sino a intercambios afectivos y a formas afirmativas de estar presentes en el mundo. Vamos a pensar en qué recursos vitales tenemos para proveernos las unas a las otras de la dulzura necesaria para luchar contra las desigualdades y la violencia, al mismo tiempo que creamos belleza y amabilidad en nuestras comunidades.
¿Cuáles son esos recursos?
Tenemos atención, tenemos la inteligencia vinculada a la lectura de los cuerpos. Es importante no estar completamente atrapadas en una lectura neurótica del yo y ser capaces de entender el cuerpo de la otra. Son recursos básicos que tenemos. Y la generosidad también. Y el amor. El afecto se transmite, creo que ser responsables culturalmente es mirar qué traemos al espacio común. Es revisar los lenguajes, los gestos. Es mirar a la otra, callarnos a veces, escuchar. Relajar los prejuicios. Tener mucho cuidado con la proliferación del odio y las palabras hirientes. Aprender de las demás, con las demás.

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