Segovia, ya estamos (casi) contigo. Ahora sí que sí, los primeros coletazos de este invierno cada vez más incipiente ya han comenzado a hacer acto de presencia con los días más cortos y el descenso de las temperaturas. Es justo ahora cuando nuestra agenda viajera pide a gritos una escapada de interior donde alejarse un poco del bullicio de la gran ciudad, respirar aire puro, empaparnos del patrimonio cultural y darnos un buen festín a golpe de gastronomía tradicional. Y si puede ser castellana, mejor que mejor.
Y es que esta ciudad localizada a una hora de distancia de Madrid, -tanto en tren como en coche-, levantada a 1000 metros sobre el nivel del mar, con una población de alrededor de 52.000 habitantes y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, es perfecta para una excursión de día o de fin de semana que tanto apetece en estos meses.
Por su cochinillo, judiones o lechazo asado; por el Alcázar que inspiró a Disney para el castillo de Blancanieves; su acueducto o su casco antiguo por el que han pasado romanos, judíos, celtíberos y otros pueblos que no dudaron en dejar su huella y que hoy llega en forma de nuestro presente; por las villas medievales de sus alrededores…¡Segovia tiene de todo y para todos!
He aquí sus direcciones clave:
La gran joya de la corona: su acueducto
La primera parada de este recorrido no puede ser otra que la de su acueducto. Punto de encuentro diario entre segovianos y primer enclave a visitar entre curiosos y viajeros que
levantan la mirada maravillados ya sea la primera o enésima vez que se visita. Y es que el acueducto desprende ese magnetismo del que solo pueden presumir los grandes monumentos, que te atrapan de principio a fin.
Un total de 16 kilómetros de recorrido, distribuidos en tres tramos diferentes, -extraurbano, periurbano y urbano-, y será este último sobre el que pondremos toda nuestra atención. La parte visible que no está bajo tierra, la encontramos en la misma Plaza del Azoguejo donde nos dan la bienvenida un total de 167 arcos, compuestos por 20.400 bloques de granito que se elevan entre 28 y 30 metros de altura.
¿La curiosidad? No están sujetos entre sí, sino que continúan en pie por el perfecto equilibro, colocación y engranaje de sus piedras. El acueducto está custodiado a lo alto por la Virgen María y San Sebastián (patrón de lo monederos), aunque en un primer momento ese hueco estaba destinado para el que en día su decían que había sido el fundador de Segovia: Hércules.
Tras algo más de 1800 años llevando agua a la ciudad desde el río Frío, finalmente en 1973 cesó su cometido para ser catalogado en 1984 como Monumento Histórico y declarado un año más tarde, -en 1985-, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Un paseo por su casco histórico
Dejando atrás esta joya heredada de los romanos, nos proponemos seguir descubriendo la ciudad paso a paso. Pero no sin antes subir hasta el Mirador del Postigo, con una de las mejores estampas de la urbe y del acueducto. Fue a partir del siglo XVII cuando llegó la urbanización a la ciudad, quedando en desuso su principal objetivo de defensa.

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