“Los dos primeros cuentos los escribí muchísimo antes que los últimos tres, del tirón, primero uno y luego el otro antes de darme cuenta de que eran muy parecidos –cuenta la historia de dos parejas con sus problemas internos–”, comparte la autora. “Supe que quería seguir escribiendo sobre eso, me permití abordarlo desde distintos prismas y pensé que todos tenían que hablar de lo mismo. Se arma por la necesidad de lo que yo quiero hablar: el constante vivir en tensión que no puedes dejar marchar porque se te viene abajo la vida. La única salida que tienen las protagonistas es volverse locas”.
Resulta difícil no ver a la propia Sofía Balbuena en lo que aquí se narra. Muchas de sus experiencias sirven como inspiración, pero esto no es autoficción y, no, esto no es un autorretrato. “Más que en mí, la inspiración la encuentro en las mujeres que son como yo. Tengo 42 años, pero siento que hay algo de una juventud que se estiró, se estiró y se estiró. Creo que pasó porque al sistema le sirve que nos sintamos así, que no resulte escandaloso compartir una vivienda o que sigamos drogándonos. Es muy funcional para un mundo en el que cada vez vivimos peor, pero no queda otra”, reflexiona. “Mis amigas se parecen a mí y yo me parezco a mis amigas. Cuando levanto la cabeza y veo a la gente con la que comparto recorrido, tienen problemas parecidos, piensan en lo que pienso yo. Obvio utilizo lo que sucede en mi vida sobre todo para armar atmósferas. Si tenemos que pensar en la edad que tenemos y la vida que podríamos tener, nos quedaríamos muy tristes. Lo veo mucho en mi generación. Se da la sensación de que nunca alcanza y no vamos a conseguir estar donde tenemos que estar”.
Cinco historias y cinco protagonistas que no pueden escapar de unas realidades opresivas. “Estamos en una época estúpida y simplista. Todo es muy básico: esto está bien o esto está mal. El movimiento feminista celebra el gesto triunfalista. Anda a la mierda, no se puede, ¿de qué me hablas? ¿Sos menos feminista si no puedes escapar de tu propia vida? No”, opina la autora vehemente. “Quería cuestionar esas cosas, cuestionar que estemos aplicando el gesto triunfal y la subjetividad de quienes hemos sido socializada como mujeres. Eso nos condena a comportarnos de cierta forma, otra forma más de castigarnos o leernos como malas mujeres”, continúa. “Por eso las protagonistas podían ser estas mujeres que no están conformes con quiénes son, que no están seguras de poder salir de ahí y que tratan de navegar el mundo que construyeron con las herramientas que tienen. No saben si pueden romper con todo porque no saben si al otro lado hay una vida mejor, quizá no. Son realistas y pragmáticas. Ahora resulta que si no nos separamos y damos un portazo, nos conformamos. Mi respuesta es ‘chúpame un huevo’. No creo en eso”.

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