Has visto y leído mil y una veces las películas y las novelas de Orgullo y prejuicio, Emma o Sentido y sensibilidad. Tienes en mente los vestidos de talle alto de cualquier heroína de Jane Austen, pero no tanto los zapatos, ¿verdad? Pues son esas mismas zapatillas de baile, románticas, ligeras y de sedas empolvadas, las que prometen llevarse en 2026 con vaqueros y calcetines. No es un anacronismo, sino la gesta que se ha propuesto la diseñadora Caroline Bourgine. Esta francesa es la mente creativa detrás de Souliers Dulion, la firma de calzado que fundó en 2025 especializada en un sencillo diseño historicista de tacón, en colores que van del rosa pastel al azul Nattier. “Dulion era el apellido de mi abuela materna, Marie-Thérèse Dulion, quien falleció antes de que yo naciera. En la familia se la conocía por su instinto para la moda y su amor por el ballet, y a menudo decían que yo había heredado esos rasgos de ella. Recuperar el calzado de danza del siglo XIX bajo su nombre me resultaba muy natural”, concede para esta cabecera.
Más allá de este parentesco, cuenta Bourgine, no creció en ningún entorno profesional vinculado a la moda. Su primer contacto con la ropa fue a través del vestuario en la escuela de ballet a la que asistió en una zona rural de Francia: “Me fascinaba la transformación que ocurría entre bastidores: cómo la tela, el color y las proporciones podían crear un mundo en sí mismo”, declara. A los dieciocho años se dio cuenta de que una marca de moda era la manera de unir todas sus aficiones, desde la pintura al diseño de interiores. Se formó en el centro parisino Studio Berçot, donde aprendió a poner en orden sus impulsos creativos. Antes de emprender, estuvo trabajando un tiempo para la firma A.P.C.: “La escuela de moda te enseña a imaginar una colección, pero una empresa te enseña sobre ritmo, producción, distribución y coherencia”, apunta. “Observar cómo la identidad de A.P.C lograba mantenerse coherente a lo largo de las temporadas reforzó mi convicción de que una marca no necesita decirlo todo de una vez; necesita saber qué representa y expresarlo con claridad”.
Hoy esta diseñadora compagina dos proyectos propios en París, la firma de ropa que lleva su apellido, Bourgine, con esta firma de zapatos, centrada en un único diseño de espíritu decimonónico. Con ella hablamos de su pasión por el pasado y la forma que tiene de canalizarla en un producto con plena vigencia en el s. XXI.

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