En mi reciente viaje a Grecia pude confirmar mis sospechas de que la era en la que se subestimaban los trajes de baño ha quedado atrás: vi a una legión de chicas cool paseando por las playas de guijarros con Havaianas y tankinis a rayas. Desde Marsella nos llega un panorama similar, donde el uniforme de las chicas surferas de Billabong (compuesto por bermudas y camisetas sin mangas) ha desplazado a los minúsculos bikinis de tiras. Y quizá con razón. El tankini es un invento sorprendentemente versátil: sirve también como top corto a la hora del aperitivo, te evita tener que estar sentada con un bañador de una pieza empapado y cubre un poco más que los omnipresentes bikinis triangulares de los últimos veranos.
Y esa es la cuestión: por muy ilusionada que estés ante la perspectiva de pasar dos semanas en Patmos, Pantelleria o el la piscina de tu barrio, ir de compras en busca de bañadores puede ser una experiencia dolorosa. Puedes pasarte una eternidad probándote un sinfín de bikinis negros con cortes supuestamente diferentes antes de renunciar al verano por completo. El tankini (que suele presentarse con rayas llamativas, estampados florales y colores primarios vivos) podría ser el antídoto perfecto. Sin embargo, al igual que los mejores regresos de la moda del año 2000, sigue siendo un tema controvertido y probablemente no sea una opción para las adeptas al moño en la coronilla. Pues allá ellas. Porque ¿qué sentido tiene el verano si no es para soltarse el pelo, poner a todo volumen a los Vengaboys y ponerse justo aquello que juraste que, ya de mayor, no llevarías ni muerta?


Más historias
Las uñas ‘Coconut Latte’ son la manicura blanca más ponible del verano
Este es el bolso de lujo más codiciado del verano 2026
Casa Pregonda se instala en Ibiza: el verano balear conquista Experimental Beach