16/07/2026

Viví una semana en un crucero de lujo por el Mediterráneo: este es mi diario de a bordo

Crucero de lujo por el mediterrneo

Las vistas a Mykonos desde mi camarote.

Crucero de lujo por el Mediterrneo

Mi “casa” durante siete días y siete noches.

Ese barco, mi casa durante la próxima semana, es el Explora II, de Explora Journeys: un crucero más parecido a un yate de lujo que a lo que cualquiera podría esperar de una embarcación de su género. Allí pasaré siete días con sus siete noches, viviendo una de esas experiencias irrepetibles que hacen que mi profesión sea, a mi juicio, la mejor del mundo. Pero continuemos donde lo dejamos: desayuno en la terraza, frente a la costa de Mykonos, con el blanco impoluto de sus casas bajas deslumbrándome. Son las nueve de la mañana en Grecia y, aunque las previsiones de la semana anterior anunciaban nubes, el día no podría haber amanecido más despejado. Cuando termino el café, entro para ducharme y vestirme. Nunca antes he estado en el país helénico y no quiero perder un segundo más.

El politono de mi iPhone me interrumpe. Es una videollamada.

-Hola, mamá –respondo–. Mira dónde estoy.

Cambio a la cámara trasera y recorro los 50 m² de mi Ocean Premier Penthouse, enseñándole el vestidor con tocador, el amplísimo baño con suelo radiante –secador Dyson incluido, siempre un plus–, la zona de la barra con su correspondiente minibar personalizado, que de mini no tenía absolutamente nada; el salón, con las mejores vistas que haya contemplado nunca, y mi habitación, que por sí sola no tiene nada que envidiar a las de los mejores hoteles en los que me haya alojado.

-¡Qué pasada, menudo hotelazo! No le falta detalle. Avísame cuando llegues al barco –fue su respuesta.

Era lógico, quién iba a imaginar que aquello, sin rastro de ojos de buey, camarotes minúsculos ni pasillos estrechísimos, sería en realidad un barco. Mi madre, al menos, no; y yo, si no tuviese la prueba irrefutable de estar viéndolo en primera persona, tampoco. Además, esta es mi primera vez navegando (más allá del ferry que comunica Vigo con las islas Cíes), así que no puedo compararlo con ninguna otra experiencia similar. De hecho, nunca había hecho un crucero porque, sinceramente, pensaba que sencillamente no era ‘lo mío’. Claro que esto nada tiene que ver con los tópicos asociados a un crucero al uso; no hay ni rastro de toboganes acuáticos, ni camisas hawaianas, ni partidas de bingo (aunque esto me habría gustado), tampoco grupos de adolescentes de viaje de fin de curso ni buffets abarrotados. Más bien todo lo contrario: es un remanso de paz.

Ver fuente