
Un grupo de profesionales del ámbito de la Bioética hemos solicitado a la Real Academia Española que revise la definición de compasión. Creemos que no debe reducirse a la pena o la lástima, sino entenderse como “el reconocimiento del sufrimiento que mueve a procurar aliviarlo”. Ese matiz no es menor: es esencial. Frente al inmenso dolor del pueblo palestino, quienes no tenemos poder político ni militar sí podemos firmar propuestas, participar en manifestaciones pacíficas o difundir información veraz. Pequeñas acciones que, sumadas, tienen valor. Esos millones de gestos compasivos pueden convertirse en una fuerza de cambio. Y, sobre todo, pueden ofrecer a las víctimas el alivio de saber que no están solas ni olvidadas.

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