
He regresado al Titanic en formato VIP, lo que, es sabido, no constituyó en su día ninguna garantía para salvarse: hay que recordar que entre los que se ahogaron estaban John Jacob Astor IV —la persona más rica no solo a bordo sino de todo Estados Unidos—, el poderoso empresario de los ferrocarriles norteamericanos Charles Melville Hays, Benjamin Guggenheim, de elocuente apellido, o John Hugo Ross, el millonario de Winnipeg que soltó aquello de que “hará falta más que un iceberg para que me levante yo de la cama”.


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