
Supongo que vieron ustedes a la representante australiana en breakdance, una de las disciplinas que introdujo el país anfitrión en los Juegos Olímpicos. Si no lo han hecho, les invito a buscarla y de paso les cuento: una tal Rachael Gunn se presentó en una disciplina que por primera vez tenía oportunidad de ganar el respeto mundial y lo hizo tan, tan, tan pésimamente que su actuación (cero en técnica, en expresión corporal, en creatividad) se ha convertido para muchos en el máximo exponente de esa filosofía tan cercana a la cienciología que aboga por el “si quieres, puedes”.

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