
El segundo intento de asesinar a Donald Trump en poco más de dos meses obliga a replantearse el nivel de seguridad que recibe el expresidente y candidato republicano, así como la necesidad de un pronunciamiento contundente de toda la clase política de Estados Unidos contra la violencia. Esta vez, afortunadamente, la tentativa fue abortada por el Servicio Secreto (el cuerpo de policía de la Casa Blanca) antes de que el sospechoso pudiera disparar. Pero los primeros datos sobre el suceso dejan la inquietante sensación de que la extrema polarización que rodea la actual campaña electoral puede virar en cualquier momento hacia el derramamiento de sangre.

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