España está a punto de atravesar su segunda ola de calor en dos semanas, comenzando este mismo domingo. Estamos registrando temperaturas récord en algunas de las regiones más frías del país y se estima que el número de fallecimientos en junio ligados al calor superó el millar. ¿Quién se podría resistir a un festival en Madrid?
Es broma. Por suerte, podemos sobrellevar las exageradas temperaturas con la mejor música en directo. No sería honesto decir que el calor no ha marcado gran parte de la primera jornada de Río Babel, más que nada porque está condicionando cualquier actividad realizada al aire libre durante estos días. Es más, hizo que el público del festival celebrado en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid se comportase de forma diferente según el nivel de sofoco presente.
Entre las 18h y las 19h, Rivas marca los 37 grados. Cuando Chambao están a punto de salir a celebrar su 25 aniversario en el escenario, alrededor de las 20:30h, la temperatura ha bajado un punto. Por el momento, el recinto está lejos del llenazo y los asistentes presentes no se separan del abanico o de la sombra que apañen. Esta es la primera forma de llevar el calor: mal.
A pesar de lo animada y divertida que está La Mari, y de la frescura de temas como ‘Duende del sur’ o ‘Playas de Barbate’, estás tan asqueado que no te apetece ni aplaudir. En estos momentos, el vaso es inseparable de la palma de tu mano. Tanto, que acabas adoptando el aplauso para sordos junto al resto del público. A La Mari esto no le agrada demasiado: «Muchas gracias por esos aplausos tan abundantes, nos estamos quedando ya sordos», suelta. «Mucho calor, ¿no?», remata. Cuando la artista presenta a su variadísima banda, magnífica en temas como ‘Poquito a poco’, ‘Ahí estás tú’ o ‘Papeles Mojados’, se dirige directamente a la sección del público que está mirando el que será el escenario de Amaia por su estruendosa falta de aplausos: «Vosotros también habéis venido, ¿no?».

El bochorno también provoca que algunos asistentes no puedan dejar de hablar con sus acompañantes en medio del concierto, o justo cuando la vocalista está dando un discurso a favor de la vida. El calor te está sentando fatal, pero las palabras de La Mari son muy reales: «Hay que celebrar la vida, que lo damos todo por hecho. Lo único que importa es que estamos vivos».
Si pasas esta primera fase, estás a salvo. El sol se va. La pista se llena. Sigue haciendo calor, pero el concierto de Amaia sirve como hechizo contra el sudor y el malestar. Mientras a tu alrededor algunas personas se desmayan, tú estás embobado durante ‘La Vida Imposible’. Ya vuelves a tener la capacidad de aplaudir.
Se trata del único concierto que la pamplonesa tiene programado este año en Madrid y de la primera parada en su gira de festivales veraniegos. Amaia parece estar un poco despistada al principio, preguntando a los asistentes si prefieren que se refiera a ellos como «¿Rivas o Madrid?». La naturalidad juega a su favor. En mitad de ‘Me pongo colorada’, para de pulsar las teclas porque no se acuerda de la letra: «¿Era cabello? No… Era cabello». Vivimos por esto.
Solo ella puede hacer callar a un público alterado por el calor. Las interpretaciones de ‘Ya Está’ o ‘Auxiliar’ han sido más respetadas en otras ocasiones, pero comparado a cómo estaba el ambiente en Chambao, bastante consigue la pamplonesa. «Os habréis bebido ya algunos cubatas, claro que sí, pero ahora os pido silencio por favor», exclama. Recuerdas que ‘M.A.P.S.’ y ‘Giratutto’ son las más fiesteras del set, pero no se traduce a la realidad. Estamos todos un poco atontados. La recta final del concierto, con la nueva ‘Aralar’ o el improvisado a capela de ‘Nuevo Verano’, sí es igual de emocionante, tierna y cómica que en anteriores encuentros. ‘Yamaguchi’, la misma que me provocó un stendhalazo el año pasado en Warm Up, ahora me hace reír gracias a una chica que se la canta entera a una camarera móvil que pasaba por allí.
Ese momento en el que hace más calor del habitual, pero se está bien igualmente. El «qué bien se está». Esto se consigue alejándose del público y refrescándose en las gradas del Auditorio Miguel Ríos, perfectas para el multitudinario concierto de La M.O.D.A., quizás la banda con más audiencia de la jornada. Es una gran forma de ver el concierto del grupo burgalés, que tiene apariencia de formación folk, pero no para de lanzar himnos de estadio, uno tras otro.
Sí que, irónicamente, se extraña levemente el mogollón y el retumbar del bajo. Los momentazos angelicales de coro multitudinario que regala el público se aprecian mucho más desde la distancia, pero corres el peligro de no acabar de entrar en el concierto. Le pasa a mi acompañante, que pregunta «¿por qué llevan media hora cantando la misma canción?».
La M.O.D.A. goza del mejor diseño de escenario del día, imitando la azotea de un edificio con una gran señal luminosa. Las canciones nuevas, como ‘San Felices’ o ‘No te necesito para ser feliz’, funcionan, pero los clásicos arrasan: ‘Vasos Vacíos’, ‘Catedrales’, la solemnidad de ‘Hay Un Fuego’, la energía colectiva de ‘1932’ y ‘Héroes del Sábado’… Es tan potente el setlist que, para algunos, la noche ya ha llegado a su fin.

No sin antes la gran reivindicación de la jornada: «Las escuelas públicas infantiles de la Comunidad de Madrid llevamos 3 meses de huelga ininterrumpida y no nos hacen ni puto caso», denuncia un docente invitado por la banda. Entre otros asuntos, denuncian estar cobrando el SMI haciendo el mismo trabajo que el resto de ramas educativas: «No guardamos, educamos», sentencia.
Para cuando llega el turno de La Pegatina, y Ultraligera poco después, ya te da igual todo. Son unas cuantas cervezas las que llevas encima, pero la deshidratación ya no puede alcanzarte. Es hora de sudarla de nuevo. Llevas chorreando todo el día, así que por un poco más no pasa nada. Se cierra el círculo. Canciones como ‘Olivia’ o ‘Mari Carmen’ son ideales para ello. Si además meten entremedias guiños a canciones conocidas por absolutamente todos, como ‘All The Small Things’ o la melodía de ‘Better Off Alone’, mejor que mejor. Nadie va a ver a La Pegatina esperando un concierto como el de Amaia. Se va a la farra y farra es lo que hay.
No pudimos quedarnos al concierto de Ultraligera, pero ya anunciaban las pruebas de escenario, llenas de llamaradas, que no se iba a parar de sudar. De hecho, me pareció que los fuegos se activaron justo al ritmo del ska de La Pegatina. Quizás aluciné. Quizás fue un espejismo. ¿Eso significa que Río Babel era un oasis?

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