Hasta ‘La verdad o la imaginación’, Fangoria llevaban 10 años sin presentar disco de estudio. No es el dúo formado por Alaska y Nacho Canut de parar quieto. En este lapso han sacado dos discos de versiones, tres EP’s conceptuales, un disco «a todo piano» -no confundir con el ‘Pianíssimo‘- y otro «a todo láser» y por supuesto han seguido ofreciendo conciertos por casi todos los festivales y ciudades de España.
También suelen ser habitualmente noticia por razones extramusicales, cuando no es con Risto, es en El Hormiguero. Estos días, por las polémicas declaraciones de Alaska sobre Eurovisión, un certamen donde la propaganda del gobierno israelí, con varias guerras y un genocidio en marcha, campa a sus anchas. Hace un par de semanas, por llamar «boba» a la gente que va a ser sustituida por la inteligencia artificial. Su mánager ha sido visto con camisetas de la Legión Española y fotografiándose con la derecha más ultra del Partido Popular, beneficiándose de la contratación en comunidades y ayuntamientos para su grupo.
Fangoria están poniendo mucho más difícil que Kanye West separar obra y artista, pues ‘La verdad o la imaginación’ es una obra que precisamente defiende algo así como que la verdad es relativa. En tiempos en que las «fake news» y los bulos están condicionando resultados electorales, nos cuentan que «la realidad está sobrevalorada» (‘La verdad o la imaginación’). Que «la ciencia es cuestión de fe» (‘Todo existe a la vez’). Que «cada historia tiene muchas caras» (‘El punto de partida’). «Prefiero lo que entiendo a lo difícil de explicar», justifica ‘El beso que jamás te pude dar’.
Muchas veces son canciones de amor, aunque suenan ambivalentes: hoy por hoy la letra del single ‘Me voy’ parece una respuesta anticipada al backlash que están recibiendo en redes sociales:
«Tú me lo pides por favor
Yo me mantengo en mi opinión
Aunque me dé un poco igual
Lo veo todo muy claro
Pierdes el tiempo y la razón
Y hasta la buena educación
No te lo tomes a mal
No me he sabido explicar».
Los autores e intérpretes de letras como ‘A quién le importa’ o ‘Criticar por criticar’ están acostumbrados a convivir con los vaivenes de la opinión pública. Ya salieron indemnes de aquella movida de las hipotecas: su público ha demostrado tremendas tragaderas. Lo cual puede incluir un disco que quiere reivindicar «la imaginación» por encima de «la verdad»… y la verdad es que muy imaginativo no resulta.
Anclada en un electropop primo hermano de sus queridos Pet Shop Boys, con algún punto HI-NRG (‘El síndrome de París’) o de música disco («El beso»), la producción del holandés Matt Pop contiene un total de cero sorpresas a lo largo de estas 12 canciones. La evolución desde la era de La Casa Azul a los mandos es tan minúscula que por un momento Guille Milkyway parece presente en los detalles de ‘El beso que jamás te pude dar’.
Por supuesto, estas personas que dejaron a un país boquiabierto cuando pasaron de hacer punk a disco clásico (‘Bailando’, 1982), cuando incorporaron cuerdas a tremebundas páginas de sucesos (‘Cómo pudiste hacerme esto a mí’, 1984), cuando hicieron spoken word (‘En mi prisión’, 1990), o cuando captaron a toda una generación de jóvenes pasados los 50 años (‘Dramas y comedias’, 2013), no tienen que reinventarse siempre. Hay álbumes de Fangoria muy cortos de inspiración que aguantaron el tipo gracias a un par de «bangers». ‘El extraño viaje’ nos dejó ‘El cementerio de mis sueños’ y ‘Criticar por criticar’; y ‘Absolutamente’, la canción titular y ‘La pequeña edad de hielo’. Esta vez van más justos de singles: cuesta muchísimo encontrar un segundo y el primero no sale hasta el final.
La parte hedonista puede funcionar OK por ser la menos polémica y por no complicarse la vida (‘Bailo’, ‘Pasará’), pero estas melodías apañadas, como las de ‘Todo existe a la vez’ o la balada ‘Consecuencias’, necesitarían un background más sólido o algún tipo de «salto mortal» como el que mencionan en ‘El síndrome de París’ para mirar cara a cara a los clásicos de Fangoria. Especialmente la segunda mitad es ardua, sobre todo cuando sus tics -esas letras imposibles- rozan lo autoparódico. ‘El punto de partida’ habla de «tuercas de motores y dinamos, martingalas con que fabricamos armas en talleres toledanos, adoradas por los carpetanos». Esto ya, más que una canción, es puro troleo.
Fangoria juegan finalmente en este disco con la idea de «fin». Abundan los «adioses», los «me marcho», los «me voy», que por algo es el single principal. «De aquí ya no hay salida, esto sí que es el final», termina diciendo ‘El punto de partida’, mientras ‘Tigres de escayola’ también apela a algo cuya vida se apagó. No sabemos exactamente de qué se están despidiendo Fangoria en este álbum. Casi todos los artistas que admiran, de Bowie a PSB, han jugado con la idea de ir despidiéndose a partir de cierta edad. Ojalá sea eso, solo un juego, y no el último álbum de Fangoria. Sería una pena para su legado.

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