30/05/2026

nostalgia lubricada para una serie que incomoda poco

Ha pasado un mes desde el estreno de ‘Cochinas‘ en Prime Video y no puede decirse que la serie se haya instalado en la conversación popular, aunque su distribución bajo suscripción limita en parte ese alcance. Y eso que la premisa resulta original: una ama de casa a finales de los noventa abre un videoclub de cine porno para evitar la ruina económica mientras su marido permanece en coma tras ser atropellado.

‘Cochinas’ parte de esta idea para, a través de la ucronía o el “what if”, reimaginar la España mojigata de los noventa. El enfoque es deliberadamente exagerado y sarcástico: un barrio de Valladolid como epicentro de una hipotética liberación sexual protagonizada por mujeres y no hombres, cabeceras que parodian películas porno con apariciones de Daniela Blume, y un humor cargado de referencias locales, incluidos guiños fuera de tiempo a Isabel Pantoja.

La serie no esquiva la desnudez explícita, presente en varios episodios, de manera más o menos divertida, pero no termina de explotar todo lo que su planteamiento promete. Aunque la comedia creada por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo y dirigida por Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago funciona en su ligereza, con un juego constante sobre el sexo en múltiples formas, cuerpos, edades y perfiles, en determinados momentos recae en un enfoque didáctico y moralizante que la vuelve más blanda de lo esperado, especialmente en sus últimos capítulos.

Un par de ejemplos de ese enfoque aparecen en la escena de sexo gay o en la intervención de Nines (Malena Alterio) dentro de una película porno, donde reclama no humillar a las mujeres y que el consentimiento solo exista si es libre. El mensaje es pertinente y necesario -más aún en un contexto en el que plataformas como Pornhub han restringido ciertos contenidos que promueven el abuso-, pero termina pecando del excesivo subrayado propio de tantas series actuales. En el proceso se echa en falta algo del ingenio, la irreverencia y el pulso gamberro que su premisa sugería.

Se ha escrito -y se seguirá escribiendo- sobre la obsesión contemporánea -en mi opinión ya enfermiza- de la cultura audiovisual actual con la nostalgia prefabricada. ‘Cochinas’ la sortea solo en parte: su argumento es ingenioso, pero el resultado final sigue atrapado en un engranaje que recicla códigos conocidos sin llevarlos del todo al extremo, en ocasiones forzando el humor mismo. En ‘Cochinas’, la nostalgia se usa como lubricante estético para deslizar al público a través de la historia, pero no para incomodar. Al final, ‘Cochinas’ no reinterpreta tanto el pasado como lo hace más confortable. El discurso puede sonar actual, pero se echa en falta menos sensación de serie «people pleaser».

Ni la comedia desatada que algunos medios han querido ver, ni una obra valiosa solo por su intención, ‘Cochinas’ se sostiene gracias a su fotografía, su premisa, su brevedad y un reparto solvente, con buenas actuaciones de Celia Morán como Chon, Álvaro Mel como Agustín y la predecible historia de triángulo amoroso protagonizada por Nines, Mariano (Chani Martín) y Enric, el guaperas interpretado por Albert Baró, al que recordarás por su aparición en un videoclip de Tame Impala. Por lo demás, el guion resulta irregular, alternando aciertos cómicos, momentos emotivos y tramos más planos, y la serie deja una sensación final de obra más contenida de lo esperado.

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