
Accesorio personal imprescindible, asistente servicial en nuestro día a día y símbolo de estatus, el móvil ha sido, desde la irrupción del iPhone en 2007, un producto con protagonismo difícilmente igualado en la vida humana. Pero quizá eso se acabó tal y como lo hemos vivido. Hay síntomas de hartazgo y, junto a ellos, alternativas que sugieren un declive insoslayable. La adicción a las pantallas es un estigma cada vez mayor de la que el smartphone carga con casi toda la culpa. Casi un tercio de sus usuarios están en riesgo alto de sufrir una adicción grave, según un estudio del pasado año publicado en la revista International Journal of Mental Health and Addiction. El móvil ha pasado de verse como objeto de deseo a convertirse en un elemento nocivo. Se recomienda la desconexión digital como sinónimo de mejor salud mental.

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