27/06/2026

La boda en Málaga de María y David: una oda a la belleza del mar

Ya que la pareja vive en Austin, Texas, toda la organización de la boda tuvo que hacerse a distancia.“Organizarlo todo desde Estados Unidos fue una auténtica locura, pero con la ayuda de La Boda de Nicoletta conseguimos dar forma al día que llevábamos tanto tiempo soñando”, comenta la pareja.

María y David se dieron el ‘sí, quiero’ el 9 de agosto en Huerta del Conde, en Málaga, un lugar único con vistas al Mediterráneo. “El espacio, hoy protegido por su fauna, guarda una historia singular: durante años fue la embajada de Panamá y, más recientemente, ha servido de localización para varias producciones —de hecho, aparece en la serie Entre dos tumbas, en Netflix. David lo descubrió y los conquistó desde el primer momento. Apenas se celebran bodas allí cada año, lo que lo hacía todavía más especial y, en cierto modo, más nuestro”, desvelan los novios.

La boda fue una auténtica oda al mar que tanto aman y que, por años, ha sido el escenario de muchos de sus momentos más felices.“No podía ser de otra manera: nos conocimos cerca de él. Yo siempre he sentido una conexión especial con la orilla y, desde que falleció mi abuelo, gran amante del mar, tuve claro que esa sería la guía de todo. La invitación, la web, la paleta de colores, el vestido… absolutamente cada detalle nació de ese concepto. Incluso las vistas del lugar siguieron una única condición imprescindible: que se viera el mar. Como decía mi abuelo: ‘vivir cerca del mar es un regalo’. Y así nació el lema de la boda: siempre cerca del mar”, cuenta Maria.

La paleta de colores partió de la visión de los novios, que buscaban algo elegante, limpio y sutil, pero con un toque de vida. Apostaron por dos paletas de colores diferentes: una más neutra para la ceremonia y otra más vibrante para la cena. “Durante la ceremonia predominaron los tonos blancos y verdes, creando un ambiente fresco y sereno que dejaba todo el protagonismo a las vistas al Mediterráneo. Para la cena, en cambio, apostamos por una gama más cálida — burdeos, rosas y naranjas— que transformó el espacio en algo íntimo y sofisticado, perfecto para el atardecer sobre la bahía”, recuerda la pareja.

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